«El adicto es una persona que sufre porque el deseo se vuelve necesidad»

«Tiende a minimizarse el problema con el alcohol y es de los más complejos»


a coruña / la voz

Habla desde la experiencia porque vivió su particular infierno en sus propias carnes y porque decidió dedicar el resto de su vida a que otros saliesen de ahí. Alejandro Rodríguez lo hace al frente del Instituto Terapéutico Gallego y como autor de libros cuyos títulos lo explican todo: ¡Socorro, mi hijo se droga! y ¿Qué hacer cuando el adicto no acepta la ayuda que se le ofrece?. «Se trata de aprender a vivir sin drogas, en cierto modo ofrezco lo que yo no pude encontrar cuando lo necesité», explica este especialista y terapeuta.

-Dice en uno de sus libros que entre el 15 y el 20 % de las personas que entran en contacto con un tóxico terminan teniendo problemas de adicción. Resulta alarmante.

-Las cifras están extraídas del National Institute for Drug Abuse de Estados Unidos y está referido al alcohol, pero es perfectamente extrapolable a otras drogas. Es más, teniendo en cuenta que existen otras sustancias con un poder adictivo más potente, pues pueden multiplicarse. Hace poco en Cruz Roja di una charla ante unos ochenta chavales de unos veinte años. Pregunté si alguien no había consumido nunca alcohol y solo una niña levantó la mano. Eso muestra que casi la totalidad de los españoles consume en algún momento alcohol o alguna otra sustancia, como los psicofármacos, que también son drogas legales.

-Cita precisamente a una droga legal, el alcohol, como la que tiene una deshabituación más compleja.

-Es muy complicado. En los años que llevo dedicándome a esto he visto de todo, gente de todo tipo con adicciones de lo más variadas: heroína, pastillas, cocaína... Y de todos, y con gran diferencia, el alcohólico es el que más sufre y que más hace sufrir a su familia, además de ser el que padece un mayor deterioro físico y que más complicada tiene la recuperación. A menudo se minimiza el problema con el alcohol y es muy habitual que el drogodependiente sustituya su sustancia por el alcohol. En parte, el problema es esa etiqueta de cultura. También son cultura los toros o el juego. Hasta la prostitución está muy incardinada en nuestra cultura. El progreso es precisamente que la cultura vaya poniéndose al día. Pero cuidado, yo no soy un adalid del no consumo. Mucha gente a la que quiero mucho, en mi propia familia, son capaces de tomarse sus vinos o sus copas. Pero hay que destacar que hay un porcentaje importante de la población que tiene una predisposición genética o fisiológica, gente que nacemos con mayor vulnerabilidad que el resto.

-¿Existe un perfil tipo de adicto?

-No. Hay tantos tipos de adicciones como adictos. Es más, en una reunión de especialistas que celebramos recientemente surgió como perfil de adicto más complicado el de una ama de casa de entre 50 y 60 años consumidora de alcohol y benzodiacepinas. Esa que cumple con su obligación y una vez tiene la casa y a la familia atendida se da el premio en la cocina. Y como ves ese perfil dista mucho de lo que cualquiera puede entender como un adicto. Nadie está libre de riesgo. He tratado a todo tipo de gente, con infancias estupendas y con infancias llenas de carencias; a drogadictos de Penamoa y de Juan Flórez.

-Dónde está el límite, cómo detectamos que hay un problema.

-Hay una pregunta que es muy significativa: ¿Has dejado de hacer lo que más te gusta por consumir? Cuando uno tiene una pasión en su vida -la familia, la música, el deporte, las amistades...- y la deja de lado, es que algo está cambiando. La diferencia de un consumidor abusivo y un adicto está en el sufrimiento. He conocido a gente que consumía grandes cantidades y que jamás llegaron a ser adictos. El adicto es siempre una persona que sufre, porque el deseo se convierte en necesidad.

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