Un incendio y muchas inundaciones


Llueve en abundancia después de un tiempo sediento. El año empezó con un incendio y muchas inundaciones. Intentaron encender un fuego en Dombate, pero ya está casi apagado. Apenas quedan rescoldos. Bomberos de la política y de la cultura de la Costa da Morte acudieron raudos para echarle unos cuantos cubos de agua sobre la hoguera que estaba prendiendo y evitaron que las llamas fuesen a mayores. Algún francotirador iluminado había puesto en peligro lo que al final había logrado andar y andar bien. La gestión de la catedral de los dólmenes gallegos iba acertada, por fin, después de tanto tiempo de abandonos, incertidumbres, desaires, desatinos, apatías y, en general, desconcierto y falta de tino. Concello y Diputación encauzarán definitivamente el miércoles lo que será la gestión del centro de interpretación de Dombate. Como decía el sabio, el futuro es el único lugar en el que se pueden enmendar los errores. Y el futuro de Dombate debe ser un centro arqueológico imprescindible para el estudio científico del megalitismo, un recurso cultural de primer orden en Galicia y un puntal turístico sobre el que afianzar una amplia red de atractivos. Es el único dolmen gallego ligado a las más profundas raíces de la literatura gallega, que fue muy dignamente excavado, y en el que se han descubierto unas pinturas que, de momento, constituyen un elemento único en su especie. No obstante, cabe una reflexión. A pesar del dinero invertido en Dombate, las pinturas no están a salvo. La Diputación carece de medios especializados para garantizar su seguridad en el futuro. En su caso, y para ponernos serios, fórmese un equipo de peso a la altura del monumento y de las circunstancias para darle al conjunto la solución más adecuada, y libre de los vaivenes que suelen causar fiebres agudas de quienes de pronto de se ven con la sartén en la mano y desconocen el daño que pueden hacer con el aceite hirviendo. Fisterra. Y si con fuego jugaron en Dombate, con agua, y mucha, juegan con la iglesia de Fisterra, uno de los principales monumentos religiosos de la Costa da Morte, lugar de acogida de peregrinos y, en fin, enclave estratégico desde el punto de vista religioso, cultural e histórico de la comarca. El templo fisterrán no es un galpón. Acaban de invertir 600.000 euros, públicos, en su restauración y sigue lloviendo sobre el retablo (1721) de uno de los mejores artistas de la historia de Galicia, Miguel de Romay, con evidente peligro de deterioro de la imagen gótica del Cristo, el de la barba dourada, elemento singular de la cultura galaica. En los últimos tiempos se centró la mirada, con gran polémica incluida, en los arcos góticos pintados de azul, pero permanece una persistente ceguera sobre otros aspectos de una joya de siglos.

Así empezó el año, con la humedad y las filtraciones arruinando uno de los grandes símbolos de la Costa da Morte. Las lluvias de los últimos días han anegado sótanos comerciales en Ponteceso. Se han inundado paseos fluviales, pistas y prados. En muchos casos, consecuencia evidente de errores urbanísticos de bulto, malas soluciones arquitectónicas y deficiencias de diseño de vías y puentes más que evidentes. En varios concellos tienen mucho trabajo que hacer para prevenir más daños en el futuro. Antiguamente los paisanos araban debajo de los puentes para evitar crecidas. Toca hacer planes serios. Es sabido que las obras a la vista lucen más, pero las imprescindibles son las que no se ven.

El pesimismo es amigo del fracaso

A varios comerciantes de Ponteceso les tocó achicar agua durante más de treinta horas. Un duro castigo con una larga vigilia. Entre el día y la noche, con la marea acechando, se han visto ilusiones ahogadas en la riada. Las crecidas suelen derrumbar sueños con gran facilidad. Pasan y solo dejan lodos y residuos. Una especie de castigo en pago de errores de otros tiempos. El pueblo de Pondal fue creciendo sobre un humedal y su futuro puede tambalearse si con el tiempo no se le busca una solución, algo más allá de una mera indemnización por las mercancías inservibles. Empieza el año con un serio aviso, como para recordar que los organismos públicos deben ser gobernados con los pies en la tierra y la cabeza sobre los hombros. Levantar la vista y mirar hacia el horizonte para marcar una línea clara y transparente. No se puede caminar permanentemente con la tristeza a cuestas. Es un buen momento, el estreno del nuevo año, para ilusionarse. Buscar puntos de apoyo para el futuro. La Costa da Morte tiene dos sobre los que forjar nuevos pilares: buena parte de la autovía avanzada y el parador, aunque parado, con las estructuras ya sólidas. Además, en los polígonos tantos años sometidos a la vegetación empiezan a brotar naves. Es una ocasión propicia para armarse de optimismo. El pesimismo es amigo del fracaso.

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