La brutal carrera de obstáculos de los emprendedores


ALaracha abrió las puertas de su pabellón al comercio local. Ayer en la cancha jugaron a las oportunidades. Ilusión y ganas no les falta, lo cual ya es una ventaja para comenzar. Una feria bien montada, en el tono de otras muchas iniciativas que las agrupaciones de comerciantes ponen en marcha para darle oxígeno a los establecimientos de la comarca. Recientemente hubo en Carballo, y más que habrá en otros municipios: los polideportivos reconvertidos en mercados por un fin de semana. Es una forma de marcarle un gol a la desesperada situación de muchos emprendedores, esa balsa de salvación hacia la que se ve empujada mucha gente para la que no hay otras posibilidades de empleo. Con las puertas laborales cerradas, muchas personas se ven obligadas a encaminar sus pasos hacia la emigración o el emprendimiento. En cualquiera de los dos casos hacen falta muchas dosis de heroísmo para salir adelante. Si emprender en una ciudad es difícil, en espacios como la Costa da Morte semeja tarea de titanes. Además de las dificultades normales que afrontan los autónomos en las áreas urbanas, como la financiación, la carestía de los alquileres, las barreras burocráticas y los elevados costes impositivos y sociales, en las zonas rurales las trampas se multiplican. O no van a colocar el gas a tiempo, como le ha estado a punto de ocurrir a un corcubionés que casi pierde una subvención de 200.000 euros, o tienen problemas con el suministro eléctrico, con el agua y hasta con el azar, que también semeja actuar en contra en muchas ocasiones. La carrera de obstáculos es brutal. En realidad la meta nunca llega porque, quiérase o no, el farragoso mundo legal y reglamentario que afecta al sector es tan laberíntico que posiblemente nunca se cumpla. La fecha de apertura jamás puede ser cierta, más bien una lotería. Cuando el esforzado emprendedor cree que ya ha terminado todo el papeleo un funcionario delatará la ausencia de alguna firma. Cada servicio necesita un trámite, un documento, un informe o un cuño, con la agravante de que cada uno de ellos cuesta centenares, cuando no miles de euros. En el caso de que el hábil emprendedor haya conseguido todo lo necesario, seguro que se encuentra que no tiene acceso adecuado a Internet, o el cambio de la ventana necesitaba un permiso de Patrimonio o el extractor del gas no está bien dirigido porque el que se lo instaló tampoco estaba al día en la normativa y no se enteró que debería ir unos centímetros más arriba o abajo. Suerte tendrán que el funcionario o técnico de turno firme todos los papeles sin incluir alegaciones o advertencias.

La peripecia diaria de un emprendedor podía llegar a ser novela de humor si no se tratase de la supervivencia de miles de personas que dependen de que su tienda, bar, taller o despacho es básico para salir adelante, criar con dignidad a sus hijos y tener un mínimo de tiempo para atender a sus padres, que han quedado en la aldea porque ha sido su medio de siempre y quieren acabar sus días en el mundo que les es propio, cercano y ha sido testigo de sus aventuras y desventuras.

El día que los que gobiernan concellos, diputaciones, la Xunta o el Estado se tomen en serio las dificultades con las que se encuentra la gente para abrir un negocio y decidan definitivamente solucionarlas habrán hecho la vida feliz a mucha gente. Aunque los que se dedican a la tarea de la gestión pública parecen estar más atareados en otras ocupaciones de más lustre: los problemas que cada uno arregle los suyos.

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