Defensa de la actividad estratégica en el rural


Con la desaparición de las cuotas de producción parece que los problemas del sector lácteo se han agudizado. A diferencia de otros países (Irlanda, Holanda, Francia...), que establecieron con antelación suficiente sus planes estratégicos para el sector, por estas latitudes, a pesar de las numerosas jornadas y conferencias organizadas, hemos seguido argumentando mucho, pero actuando poco: las explotaciones con sus ritmos de producción de leche, la industria envasando leche UHT, la distribución por libre y el consumidor a velas vir. Y entre tanto con un mercado nacional deficitario: producimos el 70 % de la leche que consumimos; el 30 % nos viene del exterior. Y así nos encontramos con explotaciones que realizaron fuertes inversiones, con unos plazos de amortización muy cortos. A estas granjas en tiempo de elevadas cotización de la leche les ha ido bien, pero en momentos como el actual, de precios a la baja, empiezan a cuestionarse su sostenibilidad. Han construido su futuro con unas bases poco sólidas, en una coyuntura en la que se presuponía una estabilidad de los precios, cuando lo que se estila es la volatilidad de los mismos.

Por su parte, la industria, durante los años de bonanza y de protección de las cuotas, ha estado a lo suyo: recoger leche y envasarla, pero le ha faltado estrategia para hacer cosas nuevas y distintas y así obtener más valor añadido de la leche, creando nuevos productos y derivados. Las pocas industrias lácteas que sí lo han hecho soportan mejor esta compleja situación y son menos sensibles a las presiones de la distribución; y normalmente son las que mantienen unas relaciones más equitativas y duraderas con los productores. Se acusa a los profesionales del sector agrario de estar instalados en la queja permanente, aunque objetivamente tal vez no falten razones. Tradicionalmente ha sido una manera de reclamar la atención del poder político y en determinados períodos ha funcionado. Hoy, cuando los profesionales del sector son menos (17.000 explotaciones en España con el 60 % de ellas en Galicia), y con demasiados primeros compradores (algo más de 300) y una industria débil, atomizada y con capacidad de negociación limitada, las estrategias del pasado ya no van a ser operativas mucho más tiempo.

La situación actual es complicada en el complejo lácteo. Como tantas veces habrá que salir del momento crítico actual, tal vez tirando de capacidad de aguante, pero no podemos acostumbrarnos a vivir en situaciones críticas periódicas sino tomar decisiones de carácter estratégico, que nos permitan consolidar realidades empresariales en el rural en un escenario muy influenciado por factores externos. Remedando a los clásicos se podría decir aquello de que el pesimista se queja del viento, el optimista espera a que cambie y el realista ajusta las velas. Se impone esta tercera opción.

Por Luis García Director de Fonteboa

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