Un crimen que ha conmocionado a toda la sociedad carballesa

Carmen Taibo pertenecía a una familia muy conocida en la localidad

La puerta de la vivienda está precintada por orden judicial.
La puerta de la vivienda está precintada por orden judicial.
LA VOZ

«Morreu mamá, caiu, debiu tropezar». Así se enteró Angélica de que su vecina Carmiña había fallecido. Le dio la noticia Juan Carlos, el único hijo de la fallecida, que como todos los días acudía a hacerle los recados a su madre. Todavía llevaba la lista de la compra en la mano.

Carmen Taibo Gesto vivía sola por propia voluntad, según cuentan los vecinos. Tenía la cabeza muy clara, pero sufría de las piernas, lo que la obligada a ir constantemente al médico.

En 1998 se quedó viuda de Eduardo Varela Urbieta, que fue funcionario municipal, aunque después aún realizó otras labores relacionadas con el comercio.

Carmiña tenía dos nietos, ya adultos, con los que se relacionaba poco. Se entretenía con las vecinas de enfrente, pero llevaba una vida un tanto solitaria. Los vecinos la recuerdan como una buena persona y muy habladora, pero bastante reservada con los extraños o las personas de poca confianza.

Ella era costurera y a pesar de su avanzada edad, continuaba dedicándose a sus labores como entretenimiento, muchas veces a la luz de la única ventana de la planta baja que daba a la calle. Hace ya bastantes años allí, en una especie de escaparate, llamaba la atención de los niños, que hoy son ya adultos, un gato grande y ocioso.

Problemas de movilidad

En los últimos tiempos se prodigaba menos por la calle. Los problemas de movilidad la habían recluido en casa, pero aún encontraba ánimos para ir a la iglesia, a apenas unos metros de su casa, o a la peluquería. Procuraba no perderse clausuras de cursos y fiestas como el magosto, siempre relacionadas con la parroquia.

Lo que ocurrió la noche del sábado en el número 12 de la calle del Sol es un misterio para los vecinos. Varias personas han comentado que en los últimos tiempos alguna vez habían encontrado la puerta de la casa entornada, aunque Carmen Taibo no era precisamente una persona descuidada ni con su aspecto ni con sus cosas, según los que la trataban habitualmente.

Llama la atención que la cerradura no apareciera forzada. La puerta exterior de la vivienda tampoco presenta signos de que hubieran utilizado la fuerza para abrirla.

Se trata de una puerta doble, con la mitad de arriba de cristal, aunque cubierta con persianas de lamas verdes que estaban echadas por la mañana, pero que permitían ver a la persona que quería entrar. Los vecinos dudan que Carmen Taibo hubiera abierto la puerta de su casa a un desconocido y menos durante la noche.

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