El sol unió ayer a África y Galicia

El último rayo tocó al mismo tiempo Touriñán, Noruega y el Sáhara


carballo / la voz

Cuando ayer por la tarde se puso el último rayo de sol de la Europa continental, a las 21.35 horas, lo hizo por Galicia (Touriñán es el punto más occidental), y por Noruega (en Aglapsvik, cerca de Tromso). Al mismo tiempo, el ocaso tocó tierra africana por última vez en Cabo Blanco, entre Mauritania y el Sáhara Occidental. Una conjunción de ambos continentes que solo se produce dos veces al año, y que responde al cambio de trono simbólico de los ocasos entre unos puntos y otros, que puede imaginarse fácilmente desplazando la línea de luz y de sombra vista desde el espacio.

En Europa, esos últimos lugares de luz, que varían según la época del año, son cinco: Cabo de San Vicente, Cabo da Roca (ambos en Portugal), Touriñán, Aglapsvik y Masoy (estos dos, en Noruega). Desde hoy martes, el extremo de Touriñán gozará de ese etéreo privilegio hasta el 20 de septiembre, aunque en la práctica la diferencia con el Cabo da Nave de Fisterra, algo más al sur, es de apenas unas centésimas, imperceptibles por el ojo humano, pero que se corresponden a unos metros más de tierra en el mar. Con todo, es un poco más al sur, junto al faro fisterrán, donde la historia, la influencia de las peregrinaciones y el espectacular anfiteatro natural atraen en los días claros de verano a centenares de visitantes para ver la puesta. Y, como siempre, con aplausos cuando el hundimiento del astro se consuma.

¿Y cómo empezó todo esto? Parece evidente que, cuanto más al oeste, más se demora el atardecer, pero eso no es así exactamente. La duda se suscitó durante la visita a Fisterra de Richard Ernst, uno de los muchos premios Nobel que han estado en la localidad en los últimos tiempos. Informado sobre la fascinación que despiertan en este enclave los solpores desde los tiempos de los romanos y seguramente desde mucho antes, salió la cuestión de cuántos minutos le saca el Cabo da Roca al mayor occidente gallego en ese privilegio de contemplar el definitivo ocaso europeo.

El encargado de buscar las respuestas (y de llevar a los Nobel y a otros científicos a Fisterra), fue su interlocutor, Jorge Mira, catedrático de Física de la USC. Empezó a trabajar en el tema, teniendo en cuenta que la orientación del eje de rotación de la Tierra con respecto al sol va cambiando a lo largo de los meses. Desde el equinoccio de primavera, la línea día/noche se tumba hacia el este, lo que permite que Fisterra-Touriñán, pese a ser más orientales que el saliente uso, logre este privilegio, por su ubicación más septentrional. La situación volverá a repetirse a partir del 24 de abril.

Aquel descubrimiento, publicado en La Voz hace seis años, tuvo un notable impacto. Tanto, que Mira ha realizado un detallado trabajo científico al respecto con más detalle, y que acaba de editar en una plataforma web en la que los físicos publican sus ideas en un marco global. Fue en esta investigación donde, entre otras curiosidades, constató que el sol hermana por dos días a África y a Galicia, un poco de magia necesaria en un mundo en el que la gente está más pendiente de la última luz del móvil que de la del cielo.

Este cambio del trono simbólico de los ocasos se produce dos veces al año

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