Los intercambios portuarios en la villa de Corcubión

Historia de la actividad y la clandestinidad

Imagen del 2001 de carga de madera desde Corcubión, un tradición secular en la localidad.
Imagen del 2001 de carga de madera desde Corcubión, un tradición secular en la localidad.

Como le sucedía a los puertos de Camariñas y Laxe, bastiones durante el siglo XV de los Moscoso, el puerto de Corcubión, tal y como sucede hoy en día, no tenía el privilegio de carga y descarga, y por tanto no contaba con autorización real para participar en el comercio marítimo nacional o internacional. No estaba autorizado para actividades de carga o descarga desde que en 1450 el Arzobispo Rodrigo de Luna lo prohibió expresamente, así como el salado del pescado y el llamado fonsado -impuesto por no ir a la guerra-. En la práctica, los antepasados corcubioneses podían hacerlo de forma ilegal por la permisividad de los señores de Altamira, deseosos de competir con los puertos del Arzobispado, Muros y Noia, pero con un tráfico muy escaso al no poseer infraestructuras de atraque que facilitasen las actividades portuario-comerciales.

Estaban obligados a trasvasar desde el mar las mercancías por medio de embarcaciones menores, las únicas existentes en la localidad, por otro lado. Corcubión, escribió el Licenciado Molina en 1550, «tiene un apacible y dilatado puerto de una legua de largo y casi medio de ancho, donde dan fondo muchos navíos, que percibidos de no poder montar el cabo de Finisterra, se recogen para la seguridad, y para hacer aguadas. Fue en lo antiguo rica, por el comercio que se arruinó, habiendo quedado solamente el de la pesca de sardina y congrio, que la hace con 30 barcos que se conservan; cuyo producto es el de que solamente se aprovechan los naturales para el tráfico, y por dita razón, y no hay otra, son todos (con exclusión de tres o cuatro) pobres».

Sin duda, durante un tiempo nuestra ría fue un paraíso del contrabando por poseer Corcubión un pequeño puerto natural con óptimas condiciones para cargas y descargas clandestinas, mientras los delegados y autoridades de los condes de Altamira hacían la vista gorda beneficiándose también de esta actividad. La represión del contrabando estaba expresamente recomendada por el rey a los encargados de la justicia ordinaria de la villa, pudiendo embargar la mercancía y las embarcaciones que la practicaban. Esa actividad clandestina llevó a los corcubioneses a familiarizarse con marineros y comerciantes mediterráneos, incluidos los venecianos, cuyos barcos se refugiaban en la ría para protegerse de los temporales y sumar provisones. En el último cuarto del siglo XIII llegaron los primeros genoveses y venecianos en su camino hacia el canal de la Mancha, produciéndose a mediados del siglo XV escalas regulares en los puertos gallegos con privilegios de carga y descarga. Llegaba en la época de verano.

Mejora de la calidad de vida

Los venecianos hacían escalas semiclandestinas y precipitadas, según todas las apariencias, en pequeños puertos como Muxía, Cee -y, sin duda, Corcubión- entre los años 1400-1420, para reponer víveres y agua potable o para refugiarse del mal tiempo. Eran escalas técnicas y arribadas forzosas. Una vez que el estrecho de Gibraltar dejó de ser peligroso y pudieron los mercaderes mediterráneos iniciar sus intercambios con la Europa atlántica, en la ría corcubionesa recalaron e intercambiaron mercancías con los nativos para entrar en el circuito del estraperlo, vendiéndose en el mercado negro en centros urbanos del interior como Compostela, a mercaderes que visitaban la villa para luego revenderlo a las clases más pudientes -eclesiásticos y nobleza-... Eran telas y paños de calidad: rasos, damascos, terciopelos, sedas...

Por medio de los puertos de Muros y Noia durante los siglos XIV y XV, el comercio del pescado con otras regiones españolas y países europeos aportaron a los corcubioneses una mejora en su calidad de vida, aunque el mayor beneficio fue para los intermediarios noieses o muradanos, sirviendo las ganancias de la exportación de la pesca para engrosar las fortunas de los pocos rentistas corcubioneses que no supieron o no quisieron convertirse en burgueses emprendedores, y que más que dirigir los negocios del pueblo, administraban los impuestos generados por la actividad de los pescadores. A partir de ahí siguió Corcubión sin tener peso en el panorama mercantil hasta mucho después de acabar la época medieval, realizando actividades exclusivamente pesqueras. Al no ser puerto de carga ni descarga, ni de pescado ni de sus subproductos, Corcubión no tuvo flota de cabotaje, participando solo en un débil comercio clandestino arrastrado quizás por el propio Muros. No surgió por dicho motivo una burguesía local durante la Baja Edad Media, al carecer de comerciantes que no trabajasen para el señor feudal, mientras que en Muros o Noia los comerciantes-mercaderes burgueses tuvieron mucho más peso económico y político que los beneficiarios de rentas rurales, cosa que no se dio en Corcubión hasta que se superó ampliamente el siglo XV.

La navegación de cabotaje no se desarrolló en la localidad hasta bastante entrado el siglo XVI, por mantenerse una economía de exclusiva subsistencia, con una mínima flota de tráfico interno. La sal, uno de los pocos productos importados, era suministrada por embarcaciones de Muros, importante enclave mercantil y naval de la época, y la pesca que se exportaba, y más tarde la madera, se hizo con buques de ese puerto vecino y del de Noia y de otros aún más lejanos, recobrando siglos más tarde Corcubión, muy débilmente, una ya importante flota mercante de pequeño cabotaje. Y, así, en los primeros años del siglo XV ese débil comercio de la exportación de la pesca, aún poco arraigado, hizo resurgir la pobre economía local estimulando el trasvase del rural de San Andrés de Canle y San Pedro de Redonda a la pesca, acabando por impulsar otros sectores productivos y comenzando Corcubión a notar un incremento de su riqueza.

Aumentó el número de vecinos que trabajaron también en las labores de salado y curado del pescado, exportándolo por medio de buques de otros puertos hasta que el arzobispo Rodrigo de Luna pleiteó ante el rey de Castilla, prohibiendo final y expresamente en 1456 la descarga y salado de pesca en Corcubión, Laxe y Camariñas, practicada anteriormente de forma clandestina. Podemos ver la importancia económica comparativa de Corcubión acudiendo a un dato ilustrativo: las alcabalas en 1480 -el impuesto sobre la actividad comercial de sus habitantes- ascendían a 4.000 maravedíes anuales. Sin embargo, en Cee, eran de 6.000 y en Fisterra, 15.000, lo que indica la desventaja comercial de la villa por pertenecer a los Altamira, sin alfolí y sin flota de cabotaje alguna.

«Sin duda, durante un tiempo, nuestra ría fue un paraíso del contrabando»

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«La navegación de cabotaje no se desarrolló en la villa hasta entrado el siglo XVI»

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Los intercambios portuarios en la villa de Corcubión