San Andrés de Canle y la refundación de Corcubión

Crónica inicial sobre el origen y el crecimiento de la villa corcubionesa

Imagen en piedra de la Virxe da Leite que estuvo incrustada en la antigua fachada de la iglesia de San Marcos de Corcubión.
Imagen en piedra de la Virxe da Leite que estuvo incrustada en la antigua fachada de la iglesia de San Marcos de Corcubión.

La documentación escrita de la época medieval referente a Corcubión es muy escasa, tardía y pobre en datos directos sobre su realidad histórica. Contamos con muy poca información y nos vemos obligados a construir el relato histórico de nuestros antepasados a partir de lo acaecido en otras comunidades contemporáneas, preferentemente pueblos vecinos de la Costa da Morte como Fisterra, Cee o Muxía, que por su adscripción al señorío del Arzobispado de Compostela, tienen más memoria documental que Corcubión, vinculado a sucesivos señoríos feudales desde su desconocida fundación.

El precedente

Hasta la fecha, todos los investigadores/autores presuponen que la población de San Andrés de Canle fue el precedente del Corcubión actual y no que Corcubión fuese, en realidad, el verdugo de aquel poblamiento. Con independencia de la existencia de San Andrés de Canle y San Pedro de Redonda con anterioridad al siglo XII, en el cual datamos la construcción de la iglesia del segundo, entendemos que ya podría existir Corcubión en los siglos X-XI, pero, en todo caso, sería un poblado temporal, una aldea con pequeñas y míseras moradas de madera de pescadores, cabañas, canizos y chozas, muy vulnerable a las razias sarracenas y normandas, y en donde estaba prohibida la mejor época del año para laborar en la ría. Ello frenaba sin duda su normal actividad económica, empobreciendo y desmoralizando a sus habitantes y padeciendo todas las miserias básicas, desde el hambre y la sed hasta el frío, el miedo y la muerte violenta o por numerosas enfermedades.

Sin duda alguna, los pocos vecinos del mísero poblado, Corcubión, suministraban pescado a las cercanas poblaciones del interior -Canle y Redonda-, más protegidas de las incursiones piratas que asolaban la ría durante cinco o seis meses del año (1). Se protegían y laboraban en ellas durante el período más peligroso de las invasiones por mar, motivo quizás de la existencia de Canle en el vértice de los montes de San Andrés, Estorde y do Son, atalaya inmejorable para prevenir las posibles invasiones del litoral.

Indudablemente, San Andrés de Canle fue una pequeña aldea con una pequeña iglesia construida en cantería y con toda probabilidad con viviendas de madera o de frágil mampostería -cachotería-, cuyos habitantes se dedicaron preferentemente a las labores de la tierra y también a la pesca durante cortas épocas del año. Cuando por parte de Roma se crearon, en el siglo XII, las parroquias, naciendo un territorio para cada iglesia y una iglesia para cada territorio, por el arzobispado de Santiago fueron designadas San Andrés de Canle y San Pedro de Redonda con dicha categoría dentro del término geográfico actual del municipio de Corcubión.

Repoblación del poblado

También conocemos que la inestabilidad durante esa época frenó el progreso de localidades litorales como Corcubión por las frecuentes invasiones piratas, aunque durante el siglo XII y siguientes, con el aumento demográfico por el cese de guerras en el interior de España y de las invasiones costeras, volvieron a refundarse o fundarse nuevas poblaciones que con el tiempo se consolidaron, caso de Corcubión. Se repobló el mísero y temporal poblado existente, llegando mercaderes mediterráneos a la ría, abriéndose también relaciones económicas entre comunidades ribereñas.

Esta fundación o refundación de localidades marineras coincidió con otro movimiento desde el interior próximo, al transformarse una sociedad preferentemente agraria y temerosa de los ataques de los piratas en una sociedad marinera cuando esas arremetidas disminuyeron significativamente, y el peligro, sino desapareció totalmente, fue mucho menor, transformándose a un ritmo lento las fuerzas productivas tanto para la pesca como para los oficios artesanos. Y, ahí, comenzó el proceso de despoblamiento de San Andrés de Canle, asentándose sus habitantes progresivamente durante los siglos XII-XIII en el solar del actual Corcubión, para dedicarse con más exclusividad a la actividad pesquera.

Materiales de la iglesia para edificios privados

San Andrés de Canle (2), al contrario que Corcubión, no perteneció al señorío de los Altamira sino al del Arcediano de Trastámara -párroco de Cee-, del Arzobispado de Santiago. Con la llegada de la Edad Moderna comenzó a acelerarse la desaparición de la antigua parroquial de San Andrés, perdiendo la categoría a favor de San Marcos de Corcubión, agregada finalmente a ella por el Arzobispo Francisco Blanco. Así, aunque en 1607 el lugar seguía poblado -con seis feligreses, lo que podrían suponer entre 24 y 30 habitantes-, los mismos que San Pedro de Redonda en aquel entonces, el templo había quedado reducido a capilla, o a ermita, aunque en 1694 seguía celebrándose misa y fiesta con el sermón de rigor. Desapareció totalmente el edificio durante el siglo XIX, siendo demolido definitivamente en 1857 para utilizar sus piedras para rematar la construcción de la torre de la iglesia parroquial de San Marcos destruida por un temporal.

También se utilizaron otros materiales para varios edificios privados de Corcubión, existiendo aún hoy determinados testimonios materiales incrustados en paredes de edificaciones: una imagen de piedra, una Virgen da Leite gótica, estuvo incrustada en la anterior fachada de la iglesia de San Marcos, imagen que no se correspondía con la fecha de su construcción, en 1430, suponiéndose que podría proceder de la primitiva parroquial de San Andrés de Canle.

Como conclusión a esta primera entrega, San Andrés de Canle fue, en términos del actual municipio de Corcubión, un claro y temprano ejemplo de despoblamiento rural, camino seguido por innumerables poblaciones del interior gallego a través de nuestra dilatada historia. Y por la clase de materiales utilizados en la construcción de sus viviendas, madera o débil mampostería, y la reutilización de los materiales de cantería de su iglesia en la torre de San Marcos y otros edificios, con toda seguridad que según desaparecieron sus habitantes también desaparecieron los posibles testimonios arqueológicos de aquella antigua población, no quedando hoy prácticamente vestigios materiales que documenten su otrora existencia.

(1). La preocupación por los ataques de los piratas llevó a pensar, sin que nos quedasen datos físicos o escritos, ni tampoco tradición, que los habitantes de esta aldea colocaron entre los siglos X-XI una larga cuerda o maroma extendida a lo largo de 450 metros, suspendida entre unas piedras de Corcubión hasta Punta Fornelo (Brens-Cee), con ayuda de boyas y reforzado hacia su mitad por alambres de cobre o bronce como medio de defensa contra las incursiones piratas. O, también, que el dispositivo marcase el límite del llamado Mar de Corcubión, ya que existió en la ensenada una demarcación marítima restringida al ámbito de los vecinos de Cee, el interior de un límite que se extendía de la punta Ostreira (anterior al barranco de Santa Isabel, cerca del playal de Gaifar), hasta la Fonte da Fenlla, en donde había un rico banco de ostras, desapareciendo pronto el referido dispositivo.

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