Pescando minas en Malpica

Una gabarra cargada de minas se perdió en las aguas de la comarca en 1923


El 13 de enero de 1923 un remolcador de la Armada Española avanzaba pesadamente frente a la Costa da Morte. Atoaba dos barcazas cargadas hasta los topes con dos centenares de minas submarinas. El remolcador Galicia arrastraba a las barcazas también pertenecientes a la Armada K2 y K3.

Las cosas no estaban muy claras, pero al doblar cabo San Adrián e ir descendiendo en latitud, todo se fue poniendo cada vez peor. El convoy avanzaba pesadamente, los tripulantes se encargaba de vigilar los lanchones, sin tripulación, pero con una carga potencialmente letal que habían de conducir al polígono de tiro existente en la base naval de Marín. De vez en cuando se procedía a engrasar los cables de acero que unían las tres embarcaciones para evitar que el rozamiento llegara a cortarlos.

De noche, en un momento pareció que algo había cambiado, el remolcador parecía más ligero y respondía mejor al timón. En realidad es que todo iba a peor, la segunda de las barcazas se había soltado. Estaban a siete millas al norte de cabo Vilán.

Se encendieron los focos, pero nada podía hacerse para recuperar la pérdida.

El comandante del remolcador decidió continuar viaje y comunicó a través de la estación de telegrafía sin hilos de Fisterra la pérdida y su decisión de continuar a Marín. Dado el estado del mar y temiendo perder también la barcaza superviviente, poco más se podía hacer. De la gabarra no volvieron a saber nada, hasta que desde Malpica informaron de que en el cabo San Adrián había embarrancado una gabarra sin tripulación que se había deshecho contra las rocas.

El rescate

De Ferrol ordenaron la salida del guardapesca El Dorado, que se encontraba en A Coruña para que buscase la embarcación desaparecida y continuase hacia Corcubión en caso de no hallarla. Un día tardó el guardapesca en cumplir la orden; el estado del mar impedía la salida del puerto coruñés. También partió de Ferrol el remolcador Ferrolano con objeto de recuperar las armas perdidas.

Mientras, el vaporcito de pesca coruñés Mercedes, propiedad del señor Boedo de esa ciudad, y al parecer inmune al estado del mar, había encontrado la barcaza al sudoeste de cabo San Adrián, en Malpica. Salvar una presa como la descrita supondría una espléndida recompensa para tripulantes y armador, pero el estado del mar y las características de la barcaza impidieron cualquier intento de remolque.

El lugar del naufragio se sitúa en el extremo del cabo San Adrián, concretamente en Fontán Pequeno. Las minas no tenían riesgo alguno de explosión pues, como es lógico, eran transportadas sin sus espoletas.

La gabarra, denominada en algunas fuentes como K2, era del mismo tipo que su compañera de convoy K3, una embarcación de unas 200 toneladas. Estaba dotada de un motor de combustión interna de 120 HP, que al parecer, ante su mal estado general no estaba en condiciones de uso. No estaba tripulada y transportaba 100 minas.

Los marineros de Malpica salieron en sus embarcaciones a intentar el salvamento de la K2, aunque el estado del mar impidió de nuevo cualquier tentativa.

Fuerzas de carabineros, paisanos y personal de la propia Armada, todos ellos dirigidos por el ayudante de Marina de Ponteceso fueron recogiendo una a una las 100 minas que trasladaba la K2 y trasladándolas a un terreno en el puerto de Malpica, desde donde serían transportada a la ciudad departamental en el Ferrolano. Estaban valoradas en más de 300.000 pesetas de las de entonces.

Tras la retirada de las minas y con la mejoría del estado del mar parecía haber posibilidad de reflotar la gabarra y para ello se pusieron manos a la obra varios carpinteros de ribera a las órdenes de un arquitecto taponando vías de agua. No parece que lograran su objetivo.

¿En la Gran Guerra?

Que la gabarra implicada en el naufragio fuera una de las que intervinieron en el desembarco del estrecho de los Dardanelos durante la Primera Guerra Mundial, choca con varios factores que están fuera de los propósitos de este artículo. Esas embarcaciones, una vez que terminó el conflicto, permanecieron como excedentes de guerra. España compró varias con objeto de realizar un desembarco en la bahía de Alhucemas y poner fin de una vez por todas a la guerra de Marruecos que desangraba al país. Esta batalla, un éxito decisivo en las operaciones anfibias, sobre todo si la comparamos con la debacle que supuso la operación en Turquía, dio fin a la guerra en África y puso un hito en la historia militar que sería estudiado y aplicado en la siguiente conflagración bélica.

Si en realidad la K2 fuera una de las británicas supervivientes de la Gran Guerra, podríamos establecer un nuevo vínculo entre esta costa y un conflicto del que estos días lamentamos el centenario de su estallido.

naufragios en la costa da morte

La gabarra se soltó a siete millas de cabo Vilán con 100 minas a bordo

Naufragó en un extremo del cabo de San Adrián, en el lugar de Fontán Pequeno

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