Corcubión y Juan XXIII


CEl pasado domingo fueron canonizados los pontífices Juan XXIII y Juan Pablo II. Lo que cuento a continuación no es ninguna leyenda; son hechos que ocurrieron en Corcubión hace 56 años y que reflejan el vínculo que unió al primero de los dos nuevos santos con esta localidad de la Costa da Morte.

El 28 de octubre de 1958, el patriarca de Venecia, Cardenal Roncalli, fue nombrado sucesor de Pío XII con el nombre de Juan XXIII. Aquel hombre de aspecto sencillo, bonachón y campechano, bajito y grueso, con cierta reputación de avanzado, que había nacido en la aldea de Sotto il Monte, hijo de campesinos, con sus hermanos labriegos, al preguntarle un periodista cuál era el santo de su devoción contestó que todos por igual, pero que de tener alguna predilección sería por san Marcos, patrón de Venecia, de donde había sido cardenal y de donde saliera para Roma.

Tales datos, escuchados por radio por el entonces alcalde de Corcubión, Ramón País Romero, hicieron surgir en él una idea que puso inmediatamente en conocimiento de los concejales, que la aceptaron con verdadero entusiasmo. Al ser san Marcos el patrón del pueblo, coincidía su devoción con la del Santo Padre, además de coincidir la circunstancia de que la imagen existente en la iglesia parroquial procedía de Venecia, ciudad de donde procedía igualmente el nuevo pontífice, quien en su escudo papal hizo destacar el león alado de san Marcos, el mismo que posa ante la imagen de la villa marinera de la Costa da Morte.

Todas las coincidencias apuntadas animaron al alcalde, los concejales y el pueblo a tomar la determinación de rendir, con humildad, debido y justo tributo de obediencia y respeto al nuevo vicario de Cristo, y, para ello, en un colmillo de cachalote, por ser típico en aquel entonces de esta zona (había una ballenera en Gures), y por un artista-escultor, M. Romero, se talló la imagen del san Marcos corcubionés, a la que le pusieron una artística peana de plata con los escudos papal y de Corcubión, construida por los orfebres de la casa Malde, que quiso colaborar al homenaje con un «precio de regalo». Además, en un pergamino confeccionado por otro artista corcubionés, cuyo nombre lamento no recordar, se escribió el texto explicativo del homenaje.

Una comisión de corcubioneses presidida por el alcalde hizo entrega en Madrid al nuncio monseñor Antoniutti con la súplica de que hiciera llegar al Vaticano la documentación y la estatuilla. Todo ello fue favorablemente comentado y ampliamente divulgado por la prensa y la radio española e italiana.

Al hablar de la comisión justo es aclarar que la integraron corcubioneses residentes en Madrid: Héctor de César, Antonio Teijeira y Ramón Fernández. Era época de vacas flacas y la corporación municipal no quería ni podía gastar en viajes, teniendo en cuenta a los residentes en la capital, que lograrían el mismo y deseado fin, como así fue.

Meses después, el cardenal arzobispo de Santiago, monseñor Quiroga Palacios, hizo entrega al alcalde de Corcubión de lo que desde Roma le enviaran: una fotografía del Papa dedicada -que presidió el despacho del alcalde, ignorando si aún continua allí-, una medalla de la coronación en la categoría de plata y una carta de la Secretaría de Estado de Su Santidad cuyo texto decía:

«Distinguido señor alcalde: Me complazco en comunicarle que el Augusto Pontífice ha visto con paternal agrado el devoto homenaje que los vecinos de ese pueblo y, en su nombre esa Corporación Municipal, le han tributado al hacerle llegar una artística reproducción de la estatua de San Marcos que se venera en esa parroquia.

Los filiales sentimientos que han acompañado este acto son prueba del espíritu de religiosidad que a todos los oferentes anima. A ellos vaya la expresión de la viva gratitud con que Su Santidad les corresponde, al mismo tiempo que invoca sobre sus familiares los más filiales dones del Cielo. Prenda de las divinas gracias es la paternal Bendición Apostólica que el Padre Santo, de corazón, envía a Vd., a los demás concejales y a todos los vecinos de San Marcos de Corcubión, al tiempo que otorga a Vd, la medalla de la Coronación». Firmaba el cardenal Terdini.

Como pueden ver a Corcubión algo le une al Pontífice y bueno sería saber del paradero de la foto dedicada de puño y letra por san Juan XXIII.

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