No es país para molinos viejos


Dice la patronal eólica gallega que los cambios que propone el Gobierno penalizan a los parques viejos, y sobre todo especialmente a los gallegos, que fueron los que más arriesgaron cuando el aprovechamiento energético del viento presentaba mayores riesgos. Es una visión de parte, naturalmente, pero no les falta razón. Tampoco al regulador cuando señala que la inversión ya se habrá amortizado en este tiempo, pero no hay que olvidar que estas inversiones se pagan a largo plazo y que el mantenimiento de sus beneficios posibilita las nuevas inversiones. Que, a su vez, redundarían en un menor impacto paisajístico y visual (una máquina de tres megavatios de las nuevas produce casi lo mismo que diez de las de Pico de Meda o Barizo, aunque también es mucho mayor), y sobre todo en inversiones millonarias para los concellos. Millonarias, de millones de euros, no de cientos de miles. Que se lo digan a Muxía, pendiente incluso de la línea de alta tensión para evacuar hasta Vimianzo. Tiene mala pinta la cosa.

Es cierto que la energía eólica también ha generado más cosas que electricidad: muchas críticas, negociaciones duras, a veces abusos. Pero, con los años, todos han ido aprendiendo a colocarse en su sitio y a esas alturas, existe un consenso general para negociar y encontrar puntos de encuentro Y, justo cuando lo hay, cambia el viento.

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