«Pagué los cubatas y la gasolina a mi expareja por ver a mi hija»

«No denuncié antes porque temía no verla más, como así ocurrió», dice

Ana Vanessa sostiene una foto de su chiquilla a la que no ve desde hace más de un año.
Ana Vanessa sostiene una foto de su chiquilla a la que no ve desde hace más de un año.

Carballo / La voz

Logró rehacer su vida. «Me ha costado mucho», dice. Tiene un hijo de dos añitos, pero sigue sin poder desprenderse de su pasado. Un pasado que tiene nombre propio: Noa. Una hija de seis años a la que no puede ver porque no le dejan. «Hace más de un año que no sé nada de ella», comentó Ana Vanessa Liñares Barreiros (A Coruña, 1981). Esta cercedense residente en Narón ha reclamado por vía judicial la custodia de una niña que reside en Andorra con los abuelos paternos. Su expareja, J.?M.?B.?B. se encuentra en Teixeiro cumpliendo condena desde febrero del pasado año por varios robos.

-¿Por qué tardó en denunciar?

-Por miedo. Sufrí una fuerte depresión durante mucho tiempo y mi expareja me sometió a un chantaje psicológico que nadie se puede imaginar. Me llegó a anular como persona.

-¿Cómo llegó a esta situación?

-Las cosas no funcionaban. Después de seis años decidimos dejarlo. Pactamos un acuerdo verbal. Yo buscaba un empleo y una casa en Ordes mientras que él se quedaba con la niña. Cuando se normalizara mi situación laboral la chiquilla se venía a vivir conmigo. Mientras, los fines de semana y la mitad de las vacaciones estaría conmigo,

-Y él incumplió este pacto.

-Desde el primer día. Me chantajeaba. Me decía que si quería ver a la niña tenía que ser yo la que diera el primer paso. Tenía que ser yo la que fuese a buscarla a Cerceda, donde él residía entonces. Tenía tanto miedo a no verla nunca más que llegué a pagar los cubatas y la gasolina a mi expareja para ver a mi hija. Luego, en un primer juicio, celebrado en A Coruña al poco de separarnos, se quedó con la patria potestad. Me había denunciado por abandono de hogar y yo en el estado emocional en el que estaba, firmé lo que firmé.

-¿Se llegó a sentir culpable?

-Ya le digo, entre la depresión y el chantaje emocional... Me anulaba como persona y por eso no denuncié. Llegó a decirme que si me ponía chula no volvería a ver a la chiquilla. Y este es de los que cumple sus amenazas.

-¿Qué le hizo cambiar de opinión?

-Darme cuenta de que era mi hija y que tengo derecho a disfrutar de ella. Quiero dejar bien claro que nunca la abandoné, fueron las circunstancias las que me obligaron a tomar estas decisiones. Ahora soy otra persona y quiero que se reconozcan mis derechos. Él está en la cárcel y, para mí, perdió la custodia. No hay ninguna cláusula que ponga que si él no está la niña pase a los abuelos paternos.

-Presentó tres denuncias.

-Sí. En una ocasión él estaba de cubatas por la noche en los bares de Ordes y dejó a la niña dormida en el coche.

-La chiquilla reside en Andorra.

-No es lo que se firmó en el juzgado. La custodia debe ser para mí hasta que mi expareja salga de presión y luego ya hablaremos de la patria potestad.

-¿Habló con sus exsuegros?

-No. Conseguí el número de teléfono de la casa de Andorra, pero no llamé. Tengo miedo a que me denuncien por acoso y complicar todavía más las cosas.

-El juicio se aplazó para junio. ¿Es optimista?

-Nunca he creído mucho en la Justicia , pero es la única forma que tengo de reclamar mis derechos como madre. Sí confío mucho en la labor de mi abogada.

Ana Vanessa Liñares cercedense que lleva más de un año sin ver a su hija

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