El voto fácil, la demagogia y la responsabilidad


ara solis

Los ediles de Carballo se pelean por ver quién pone más viviendas en el Plan General pendiente de aprobación. Dicen que lo hacen por el bien de los vecinos, pero no es cierto. Es posible que se lo crean, pero la realidad se encarga de rechazar sus argumentos. Es un discurso ya viejo, como los boxeadores, que siempre están golpeando la pera loca. Venía a decir Albert Einstein que si siempre haces las mismas cosas es imposible que cambien los resultados. Los números suelen ser obstinados y las sumas y las multiplicaciones no admiten interpretaciones, como las admiten las palabras, las poesías y los discursos. Si en el municipio hay 19.718 viviendas y 8.026 de ellas están vacías, qué sentido tiene pelear para que en el nuevo ordenamiento se incluyan varios miles de viviendas más o menos y mantener e insistir en colarle a la Xunta unos cientos de lotes de pisos más. A no ser que esas discusiones se fundamenten más en la demagogia que en el sentido común y la verdadera defensa de los intereses de los carballeses que poseen alguna de esas 8.026 viviendas, cuyo valor es cada vez menor. Son 8.026 casas casi inutilizadas, un pozo sin fondo de gastos en impuestos, tasas y mantenimientos varios y diversos. Un bien en devaluación permanente, hasta que se hace acreedor de la piqueta. Dinero en cemento sin utilidad alguna. Bienes que, aunque solo sea por ley de la oferta y la demanda, no tienen el valor que la especulación le ha dado en su momento y que si se mantiene la filosofía de seguir construyendo a mansalva tendrán aún menos valor, los que ya están y muchos de los que vendrán nuevos. Flaco favor se le hace a los propietarios de viviendas por hacérselo a los centenares de dueños de fincas no aptas para construir ahora para que puedan serlo en el futuro. Los concejales deberían mirar más por los intereses de los vecinos que por el voto fácil. A Carballo lo que le sobra es cemento y lo que le falta son construcciones de valor y calidad que puedan ser ocupadas. Destinar más dinero a la construcción irracional es enterrarlo en hormigón sin ninguna rentabilidad, pero los ediles estarán conformes porque habrán mareado la perdiz de la ilusión de unos pocos, mientras siguen devaluando los bienes de otros 8.026 en vez de pensar en un Plan Xeral que pueda dar verdadero valor a la capital de Bergantiños.

Dinero

Da gusto ver como los concellos mejoraron la administración de sus dineros. Los hay que parecen nadar en la abundancia a pesar de la crisis. Los regidores alardean de remanentes de tesorería y superávits. En parte se debe a las discriminatorias restricciones del Gobierno, que trató a todos por igual y les cerró en parte su grifo y, al mismo tiempo, la posibilidad de abrir los municipales a escape libre. De todas maneras, no hay mal que por bien no venga. Ahora tendrán dinero fresco para alquitrán y hormigón en pleno año preelectoral, para que las obras luzcan relucientes en los ya más que próximos comicios locales.

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