Dos pájaros al agua

Dos aeroplanos británicos fueron sorprendidos por un caza alemán en 1942 y cayeron cerca de las Sisargas y Langosteira


Galicia, se adentra en el Atlántico yugulando la ruta marítima que comunica el norte de Europa con casi cualquier otra parte del mundo. No es extraño que todas las guerras marítimas europeas hayan tenido algún episodio en nuestras aguas. Desde Roma a la Segunda Guerra Mundial la presencia de flotas militares y enfrentamientos navales han sido frecuentes. Tanto como zona de caza a de naves enemigas, como punto donde ejercer el control de las rutas marítimas, Galicia nunca ha sido ajena del todo a los principales conflictos bélicos que han sacudido nuestro continente en los últimos 1.500 años. El flujo de Historia que ha singlado frente a nuestras costas, ha puesto a esta esquina europea, tan alejada de los principales focos culturales, en el eje de la geopolítica.

Únicamente en la Segunda Guerra Mundial se introdujo en la contienda naval una tercera dimensión -la cuarta si incluimos a los submarinos-, que es la guerra aérea. La aviación demostró pronto su utilidad en las flotas de guerra. Poder elevar y trasladar el horizonte visible de una flota, supone una ventaja táctica fundamental. Poco se tardó en ampliar a las capacidades ofensivas la labor meramente de observación de la aviación. En la guerra submarina desarrollada en el Atlántico, los alemanes intentaron ahogar a la Gran Bretaña mediante el uso de sumergibles. Los británicos comprendieron que en la Batalla del Atlántico se jugaba su supervivencia y pusieron toda la carne en el asador en un esfuerzo por hundir a la mayor cantidad de sumergibles posibles para aliviar la presión sobre su tráfico mercante.

La aviación aliada se convirtió en el peor enemigo de los sumergibles alemanes. Los aliados pronto aprendieron a esperar a los sumergibles en los aproches que conducían a las bases de la Francia ocupada. El golfo de Vizcaya se convirtió en un cementerio de submarinos alemanes, acosados desde la superficie y desde el aire.

La solicitud por parte de la Kriegsmarine a la Luftwaffe de apoyo, se tradujo en la creación de escuadrones de cazas de largo radio de acción capaces de actuar profundamente en el Atlántico para proteger sobre todo el paso de los submarinos por el Cantábrico. Estas misiones Zerstörer (destructor) acercaron a Galicia desde las bases francesas a los cazas alemanes en numerosas ocasiones.

El 20 de julio de 1942, dos aeroplanos británicos Vickers Wellington volaban frente a Galicia en una misión de traslado de los aparatos a Oriente Medio, cuando fueron sorprendidos por un caza alemán Junkers 88. El avión alemán ganó altura y se lanzó al ataque. Ambos Wellington fueron alcanzados en varias pasadas y uno de ellos, el matrícula HX518, derribado a unas 20 millas de las islas Sisargas. Una de sus alas se desprendió estrellándose contra el mar sin que ninguno de sus tripulantes pudiera sobrevivir al impacto.

El otro avión británico contraatacó con su armamento defensivo. Alcanzado, con su piloto y observador muertos, consiguió alcanzar las inmediaciones de punta Langosteira, donde se estrelló. El cadáver del comandante y el de su observador fueron rescatados por el único superviviente, August Werner, quien fue el que consiguió hacer amerizar el aparato. Todos ellos finalmente fueron recogidos por el pesquero San Antonio de Padua y trasladados a A Coruña. Ninguno de los cadáveres de los británicos fue recuperado, bajaron al abismo en su aeroplano, donde hoy reposan junto a otros seis Wellington Vickers más, que fueron derribados en aguas de Galicia, entre otras muchas aeronaves de ambos bandos. El avión alemán, o al menos parte de él, fue localizado años más tarde, a principios de los años sesenta. Un ala fue extraída y vendida como chatarra. El poco aprecio que tenemos por nuestro patrimonio histórico no es solo cuestión de nuestro tiempo.

naufragios de la costa da morte

Ninguno de los cadáveres de los británicos pudo ser recuperado

Parte del avión alemán fue localizado a principios de los años sesenta

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