Son varios los fisterráns que dejaron huella perdurable a su paso por la emigración. Uno de ellos, Perfecto Marcote, aún entre nosotros, recibió recientemente un importante premio comarcal por su labor benéfica y solidaria entre las gentes de la diáspora argentina, pero en su municipio de origen, Fisterra, no es insólito que esta gente permanezca no reconocida. Uno de ellos es sin duda Ramón Marcote Miñarzo, nacido el 31 de marzo de 1880 en Sardiñeiro de Arriba y emigrado a Cuba en 1898, convirtiéndose en 1905 en bibliotecario del Centro Gallego de La Habana, desempeñando estas funciones durante más de 50 años ininterrumpidamente.

Desde muy temprano Ramón Marcote se vinculó, por su amor a la tierra que había abandonado, al movimiento de las Irmandades da Fala y a posturas claramente galleguistas, participando en asociaciones, tertulias y debates con los más preclaros personajes de la diáspora gallega en la isla de las Antillas, reconociéndole como un excelente bibliográfico y gestándose bajo su cometido la más importante biblioteca de temas gallegos de toda América, biblioteca que fue incautada por Fidel Castro pocos años después de tomar el poder en la isla. Asimismo, Marcote fue delegado de la Comisión Protectora de la Biblioteca Museo América, depositada actualmente en la Universidad de Santiago de Compostela, un fondo bibliográfico y museístico promovido por Gumersindo Busto, que fue quien reclamó la colaboración del fisterrán en Cuba, contribuyendo desde su cargo de bibliotecario a enriquecer y acrecentar dicha Biblioteca América con numerosas obras propias y ajenas.

Una colección de artículos

Y, durante esta travesía, Ramón Marcote fue autor de una colección de artículos publicados en 1920 en la revista Galicia, en La Habana, agrupados después en un libro que llevó por título Colón pontevedrés, convirtiéndose en un firme defensor de la galleguidad de Cristóbal Colón y elegido presidente durante muchos años de la Asociación Pro Colón Gallego, publicando también una curiosa Historia de Galicia (Compendio), en cuyo prefacio reconoce a Galicia, país de nuestro nacimiento y de nuestros amores. Mi Historia de Galicia -afirma en una carta publicada en la revista Alborada- está hecha en forma dialogada, para uso de las escuelas de nuestra región. La primera edición salió en 1924 y fue ilustrada por Luis Lacalle y prologada por Enrique Zas, miembro este último de la Real Academia Gallega y autor, entre otras, de la Historia de Cuba en 15 tomos. La segunda edición apareció al año siguiente, en 1925.

Marcote escribió artículos periodísticos en revistas de la época. El titulado Filantropía Gallega fue publicado en la revista Cultura Gallega número 1, del 5 de abril de 1936, en donde hace un recorrido por los personajes que dejaron para Galicia una parte importante de su patrimonio para obras de filantropía, para que puedan iniciar los desfavorecidos su porvenir económico en su propia tierra -dice Marcote-, pues en ella es donde está la verdadera América de los gallegos. Otros trabajos fueron: Gallegos beneméritos: Waldo Álvarez Insúa, Ramillete de gallegas ilustres, Comisión protectora de la Biblioteca-Museo América, Los gallegos en Cuba, Fonología y afectación...

Una carta entre Ramón Marcote y Antonio Díaz

En el mes de mayo de 1925, Ramón Marcote viajó a España. En esas fechas, el corcubionés Antonio Díaz Novo -otro olvidado-, presidente de la A.B.C. del Partido de Corcubión en Buenos Aires, le escribió instándole a que iniciara los contactos en La Habana para crear una sociedad similar a la que él presidía en la Argentina, «con el fin de cooperar, en lo posible, al mejoramiento del progreso del Partido de Corcubión», contestándole el fisterrán que «como aquí somos muy pocos, pues la mayoría de los que emigran lo hacen a la Argentina, es muy difícil crear y sostener aquí la sociedad que todos anhelamos. De Corcubión solamente conozco uno. De Sardiñeiro somos cinco y los de Cee son indiferentes. Por mi parte me sobran voluntad y arrestos, pero uno solo no hace colectividad que es lo que se necesita y pretende. (?)

...He desembarcado en La Coruña el 29 de Mayo de 1925 -sigue diciendo en la carta-. (...) Seis días después me encontraba en Corcubión y Sardiñeiro, mi pueblo natal, donde pude satisfacer lo que más anhelaba en mi vida, que era poder besar y abrazar a la autora de mis días. (...) Su señorita hermana -Carmen, maestra- me ha informado de que en Sardiñeiro había población escolar para dos escuelas, una para cada sexo y que yo podía ayudarles a gestionar la creación de ella, cosa que prometí con toda el alma y entusiasmo que usted supondrá en uno que va de América y en favor de su pueblo. Me dijeron que todo estaba arreglado, que sólo faltaba la aprobación superior. De regreso en La Coruña visité con ese fin al Secretario de administración de primera enseñanza y le expliqué el asunto, manifestándome que todo ya dependía del Ministerio del ramo. Más tarde, al visitar Madrid, me entrevisté con el jefe del negociado de creación de escuelas del Ministerio de Instrucción Pública, con el mismo propósito, pues el Ministro estaba ausente. Enterado dicho jefe de mi deseo en diez minutos me impuso de toda la historia de la referida escuela, lamentando dicho señor que ya no funcionara, y que ello dependía de la aprobación por el Ayuntamiento de Finisterre, cosa que aún no lo había hecho y que era indispensable. Todo esto que antecede se lo he explicado al jefe de administración de enseñanza de la Coruña, a su padre -Juan Díaz Fernández- y hermana y a algunos del pueblo que están interesados en la creación de la escuela, y se quedaron asombrados, pues se creían que todo estaba tramitado. Con tal motivo ellos quedaron conmigo en activar el expediente y que yo desde la Habana lo activaría en Madrid. Supongo que no lo habrán logrado, pues aún no me han comunicado nada sobre el particular. Esto se lo comunico a usted por ser ello lo que más interesa a aquel pueblo, pues descongestionaría la única escuela existente del exceso de alumnos...

En fin, que en su carta Ramón refleja un mal crónico en la gestión municipal fisterrana, sonándonos esto bastante. Marcote falleció en La Habana el 6 de julio de 1955. En el 2015 se cumplirán 60 años.

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Ramón Marcote Miñarzo, uno de los muchos fisterráns olvidados