El parque eólico de Paxareiras II tiene en los caballos sus desbrozadores más naturales


El parque eólico Paxareiras II, en Dumbría, afectado por el incendio que se declaró ayer a mediodía en las peñas de As Pías, justo encima del mirador de O Ézaro, empieza recuperar el ganado que antaño vivía en buena parte de los montes de este municipio y de otros muchos de la Costa da Morte.

A solo unos cientos de metros de donde trabajaban los equipos de extinción, con helicópteros incluidos y ocultos tras una pequeña loma, una decena de caballos salvajes pastaban completamente ajenos a un nuevo desastre que, de no ser por los brigadistas, iba a acabar afectándoles también a ellos.

La zona en la que se ubican, y que durante el invierno se convierte en una pequeña laguna, está en torno a una fuente y al área recreativa que el alcalde le exigió a la empresa de los eólicos como una de las contraprestaciones por instalar el parque. Junto a la fuente hay un estanque de losas, que los caballos usan para beber y que ha convertido este punto en su espacio de referencia.

Alrededor, en una superficie aproximada de más de una hectárea, la maleza brilla por su ausencia y solo subsisten en el suelo los tojos demasiado viejos y leñosos para la boca de los equinos.

Así, mientras los políticos se enfrentan respecto a quien corresponde la responsabilidad de que se quemen los montes, mientras algunas organizaciones piensan métodos innovadores para cuidar el espacio natural y mientras la Xunta tiene que recurrir a lanzar paja con helicópteros para evitar riadas en O Pindo, los caballos mantiene su oasis prácticamente a salvo.

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