La subida a O Ézaro condiciona el final de la etapa en Fisterra

Juan Ventura Lado Alvela
j. v. lado CEE / LA VOZ

CARBALLO

Un aficionado, ayer en la subida a O Ézaro, donde se recuerdan los tiempos de Purito.
Un aficionado, ayer en la subida a O Ézaro, donde se recuerdan los tiempos de Purito. marcos rodríguez

27 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Después del rotundo éxito del año pasado, con la novedad del final de etapa en O Ézaro, la Costa da Morte, especialmente los concellos implicados por los que pasa la Vuelta a España, están volcados en el recibimiento de una ronda ciclista con repercusión internacional, que acabará por primera vez en su historia en el emblemático Cabo Fisterra.

En lo estrictamente deportivo la etapa se presenta animada, especialmente después de la actitud que mostraron ayer Joaquim Purito Rodríguez y Alejandro Valverde, las dos máximas esperanzas españolas, que apuraron hasta el último instante para arañarle los segundos de bonificación al principal favorito Vicenzo Nibali, que perdió el maillot rojo en Vilagarcía.

La infernal subida al Mirador de O Ézaro, con las rampas más duras de la Vuelta, que según algunos expertos superan incluso el 30 % en puntos muy concretos, tiene todas las papeletas para marcar el desarrollo de la prueba. Si Valverde y Purito repiten la competitividad de hoy, los últimos 30 kilómetros de camino a Fisterra se pueden convertir en un verdadero reto para los que queden rezagados en la ascensión.