La música de la felicidad

Cristina Pato compartió con los alumnos de la escuela de la Fundación Eduardo Pondal su pasión por la interpretación

La gaiteira consiguió dejar boquiabiertos a los niños.
La gaiteira consiguió dejar boquiabiertos a los niños.
C. A.
Carballo / La Voz

Los alumnos de la Escola de Verán de O Couto recibieron ayer, con los ojos tan abiertos como platos, a Cristina Pato. Fuese por su buen hacer con los niños o simplemente por el sonido tan fuerte que emite su gaita, el caso es que a la primera muiñeira dejó boquiabiertos a los más de cien asistentes. Y así se quedaron durante casi dos horas.

La compositora ourensana les explicó los orígenes de la gaita, las partes que la componen y todas sus virtudes. «A través da gaita viaxa a historia dos pobos», les dijo, y para una gran viajera como es ella, afincada en Nueva York pero también de gira por Asia, la gaita es lo que la hace sentirse en contacto directo con su tierra, Galicia.

El objetivo de Cristina Pato es era inculcar a los niños la pasión y el interés por el arte, como lleva haciendo desde hace ya seis años en un proyecto educativo orientado a profesores. La gaiteira aseguró que le encanta trabajar con niños porque, dice, son muy honestos, y porque no solo aprenden ellos, sino que «eles tamén aportan moitas cousas boas».

Ayer les explicó que la música «é unha linguaxe universal», que habla de alegrías y de tristezas, que ayuda a decir cosas que no siempre son fáciles de expresar. Con su fusión de estilos la autora afirmó buscar «o meu propio xeito de falar co instrumento para relacionarme con xente doutros países».

Los niños pontecesáns mostraron mucha curiosidad por su vida, y no dudaron en hacerle muchas preguntas acerca de sus sentimientos en el escenario o por qué instrumento -gaita o piano- se decantaría. Cristina solventó todas las dudas con palabras y frases realmente enriquecedoras que empujaban a los niños a perseguir sus sueños, sus pasiones.

Para finalizar la jornada todos salieron al exterior de la Fundación Pondal para bailar una muñeira, acompañada por la gaita de Cristina Pato, el acordeón de Roberto Comesaña y la pandereta que varias voluntarias se fueron turnando para tocar. Los vecinos se asomaron, curiosos, y se quedaron enganchados del ritmo de la pareja de instrumentos, que, según la gaiteira, hacen feliz a la gente. Ayer, desde luego, lo consiguieron durante toda la mañana.

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