Corcubión en la Baja Edad Media

El historiador hablará mañana en la Capela do Pilar sobre los orígenes de la localidad y de la vida en el municipio a finales del siglo XV

Corcubión recordará su pasado en el Mercado Medieval, que se celebrará del 19 al 21.
Corcubión recordará su pasado en el Mercado Medieval, que se celebrará del 19 al 21.

Sin duda alguna, los documentos son los guardianes fieles de los hechos, de las fechas y de los actos administrativos que labraron el tejido de la Historia. Y montar hoy un relato sobre la historia medieval de Corcubión se convierte en laborioso por la carencia de esos documentos escritos, por la desaparición de la mayor parte de los testimonios materiales y de una parte importante de la toponimia surgida durante aquella larga y oscura etapa. Contamos con muy poca información, y menos documental, patrimonial o arqueológica, obligándonos a construir una parte sustancial del relato a partir de historias acaecidas en otras comunidades contemporáneas, preferentemente de pueblos vecinos como Fisterra, Cee o Muxía, que por su adscripción al señorío del Arzobispado de Santiago tienen más memoria documental que Corcubión, vinculado desde su fundación a sucesivos señoríos feudales hasta llegar a la casa de los Altamira, en poder de la cual figuraba -de facto- a finales del siglo XIV.

Dos etapas

Aunque del primer Corcubión no podemos hacer crónica, y sí solamente acercarnos al contexto, durante la charla que impartiré mañana en la Capela do Pilar recorreré, metafóricamente hablando, dos corcubiones: el Corcubión primero, el de las cabanas, canizos y chozas de madera, pescador, nacido con la pesca y dedicado exclusivamente a la pesca del xeito, del cerco, de los cordeleyros y tramalleiros..., rudo y analfabeto, volcado a la ría y temeroso de las razias normandas y sarracenas, en un recorrido temporal de más de 200 años de vida.

Y, también, el Corcubión capital jurisdiccional, con poder político y pequeña aristocracia local, de cargos o representantes del señorío de los Altamira, amarrados a las rentas de la tierra y de la propiedad urbana; el Corcubión de los presbíteros y curas, el del nuevo urbanismo con la ampliación de la iglesia parroquial sobre 1430 y la construcción del palacio de los Altamira y del Hospital de Peregrinos a partir del año siguiente; el Corcubión residencia de Juana de Castro, el del intercambio comercial clandestino, aunque débil, por medio del contrabando en la ría; el que ya aparece en cartas y portulanos de la época, el de las palilleiras y rederas; el Corcubión asaltado, señoreado y saqueado por las huestes de Rodrigo de Luna... Unos setenta años que dieron fin a la Baja Edad Media.

En fin, hablaré de todo lo que nos prueba que no venimos de fastuosos edificios de escalinatas y mármoles importados de Carrara, en Italia -como fue el caso de la imagen de nuestro querido San Marcos-, ni disponemos de cartas ni manuscritos dejados por los fundadores, pero intentaremos acercarnos a como debieron ser en realidad nuestros primeros pasos, leer entre líneas y preguntarnos: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos?

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