«Siempre mantuve la relación con Caión y ahora la refuerzo»

«La gente nos traía de todo: churros, pulpo y hasta empanada de mejillones»

Pilar Oviedo, en el Abente y Lago
Pilar Oviedo, en el Abente y Lago

a coruña / la voz

Pilar Oviedo Lareo nació en Malpica en 1947 de manera circunstancial (su padre estaba destinado allí de contramaestre), pero su vida ha estado siempre ligada a Caión, de donde es su familia y donde tiene una casa. Hace tres meses se jubiló en el hospital Abente y Lago, antes Militar, donde trabajó en las consultas de los internistas. Ese nexo con Caión irá ahora a más, si cabe: «Siempre mantuve la relación con Caión y ahora la refuerzo», contaba ayer. Más visitas desde A Coruña, más paseos... «En Malpica también tengo muchos amigos, iba mucho de más joven».

Pilar es conocida por haber liderado la lucha contra el cierre del Militar. Nunca fue una sindicalista de cabreo constante y salivación excesiva. Colocaba titulares a conciencia. «Sabía que tenía que soltar alguna frase contundente en medio», sonríe. Su tesón le hizo enfrentarse a los jefes, ministros y presidentes de la época con un objetivo: que el Hospital Militar no se cerrase y se integrase en la sanidad pública. Y lo consiguió.

-En 1995 les dicen que el Hospital Militar tiene fecha de cierre, el 31 de julio. ¿Cómo fue luchar contra esa espada de Damocles todo el tiempo?

-La noticia del cierre nos pilló por sorpresa. Y eso que había señales: el volumen de trabajo había descendido, a la Guardia Civil ya no se le daba asistencia y el personal civil tenía opciones para ir a entidades privadas. Te lo iban sacando todo, poco a poco. Es como lo que está pasando ahora en Madrid con la sanidad pública, por ejemplo.

-Cuando ve las protestas de ahora en defensa de la sanidad pública, ¿tiene la sensación de estar viviendo un «déjà vu»?

-Se vuelve a repetir todo, pero ahora con más agresividad. También los trabajadores de la Fábrica de Armas protagonizaron un encierro ese mismo año.

-Usted peleó para que el Militar se integrase en el Sergas.

-Fuimos a Madrid y en Defensa nos dijeron: «Pierden el tiempo, el hospital se cierra». Les dije: «¿Nos jugamos algo a que no se cierra?». A partir de ahí, perdí la cuenta de cuántos despachos recorrimos, fueron seis años de pelea. Hicimos todo lo posible para conseguirlo y así fue.

-Lo consiguieron por la «turra» que dieron, vamos.

-(Risas) ¡Claro! Desde salir por la noche con antorchas hasta encerrarnos un mes en el concello para evitar el cierre. Una vez, me lancé al coche oficial del ministro de Defensa, que por entonces era Julián García Vargas, para conseguir una entrevista.

-¿Sus guardaespaldas no se lo impidieron?

-Lo intentaron pero no pudieron. Estábamos convencidos de que teníamos la razón.

-Contaron con el apoyo de toda la ciudad.

-Totalmente. A Coruña se volcó, pero ese apoyo hubo que ganárselo al principio, no se crea...

-¿Cuánto duró su encierro en el ayuntamiento coruñés?

-Fueron 27 días. La gente nos traía de todo. En el Noray tuvieron que habilitar una nevera para nosotros. Recuerdo a una señora de Lorbé que llegó con una empanada de mejillones. Palau nos trajo una fuente de pulpo y Álvaro Someso, churros. También venía la peluquera a cortarnos el pelo. El responsable de UGT, Xosé Carrillo, nos prestó unas colchonetas para dormir. ¡Hasta la Tuna de Veteranos vino a rondarnos! Y los futbolistas del Deportivo se pusieron el lazo verde.

pilar oviedo lideró la lucha por evitar el cierre del hospital militar de a coruña

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