Denunciado un bar de Carballo por venta de alcohol a menores

La dueña reconoce el problema, pero cree que la trataron injustamente


Cee / La Voz

La denuncia contra un bar de Carballo por la venta de alcohol a menores ha sacado a luz un problema con profundas implicaciones sociales, que ni los responsables policiales ni los profesionales de la hostelería ven fácil de solucionar.

En este caso concreto, ocurrido el viernes sobre la una de la madrugada en la cafetería Xorima de la calle Perú, una decena de agentes del Servicio de Intervención Rápida de la Guardia Civil identificaron a varios grupos de jóvenes y levantaron un acta sancionadora que será trasladada a la autoridad competente porque algunos de ellos estaban consumiendo alcohol pese a no haber cumplido los 18 años.

El propio instituto armado señala que no se trató de una actuación contra un local en concreto, si no que está enmarcada dentro un plan para prevenir el problema, que se llevó a cabo en otras localidades como Ordes. Sin embargo, la intervención de los agentes que inspeccionaron e identificaron a un número importante de personas, generó un considerable revuelo en pleno corazón de la movida carballesa.

La responsable del establecimiento asegura que se sintió indefensa porque la realidad de lo que ocurría en la cafetería no tiene nada que ver con un episodio de venta generalizada de alcohol. «Era un aniversario dunha rapaza que facía os 18 anos e encargáronme unhas tortillas e uns pinchos. Estaban todos nunha mesa bebendo Fanta en botellas de dous litros e xogando ao tute. De feito, algún díxolles que non estaba tomando alcohol, pero eles entenderon que todo indicaba que si e non nos deron opción a explicar máis nada», asegura la hostelera, que cree que en este caso concreto la actuación fue desproporcionada, aunque reconoce que el problema existe, pero que ni ella, ni el resto de compañeros lo tienen fácil para solucionarlo. «Desde o San Xoán os camareiros piden sempre os carnés, pero a cuestión está nos vasos que se levan para fóra, porque os guardias dixéronme que teño que controlar quen toma ese bebida, pero eu non podo saber se ese rapaz ao saír lla dá ao seu primo. É imposible», añade.

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En cualquier caso, la mujer considera que su local no es precisamente un ejemplo de malas prácticas en este sentido, porque conoce tanto a la mayoría de los clientes de ese día, «que son chavales estupendos cos seus estudos e moitos deles están nos equipos de balonmán, baloncesto e fútbol», y a sus padres, algunos de los cuales, han acudido a la cafetería para interesarse por lo sucedido y mostrarle su apoyo, al igual que hicieron varios compañeros de profesión.

Ahora teme que la posible sanción y el revuelo generalizado puedan perjudicarla injustamente aunque señala que tendrá que pagar la multa que le impongan porque reconoce que lo que vale es lo que los guardias hayan puesto en el acta.

El concejal de Seguridade, Xosé Regueira, aunque sabe que el problema existe, asegura que no tiene constancia policial de denuncias en este sentido, y pese al arraigamiento social del que pueda gozar el consumo de alcohol entre menores «a venda está regulada» y si alguien incumple la normativa «hai que sancionalo», por lo que apoya las intervenciones de inspección que se puedan realizar.

Para el presidente de la asociación antidroga Vieiro, José Manuel Vázquez, las actuaciones de los agentes son claramente deficitarias y la problemática está a la orden del día: «Non me extraña nada que pase porque é unha práctica habitual, igual que o descontrol de horarios, pero aquí tanto as familias coma as autoridades miran para outro lado».

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