«Nuestro padre adoraba Ponteceso y eso es lo que más nos une a la localidad»

Las gemelas, altos cargos en la Xunta, recuerdan con cariño una infancia muy ligada al colegio Eduardo Pondal


carballo / la voz

retornar a... ponteceso ethel y raquel vázquez mourelle

Su parecido físico es indiscutible y sus voces prácticamente iguales, pero lo que más sorprende es que incluso hablando con ellas por separado sus respuestas son casi las mismas. Coinciden tanto que por momentos es realmente difícil saber cuál de las dos responde a las preguntas y una de ellas incluso reconoce que en ocasiones le cuesta dejar de hablar en plural. «Cuando hablo de nuestra infancia tengo que hacerlo en plural, no puedo evitarlo, porque siempre fuimos, por decirlo de algún modo, cogidas de la mano», confiesa. «Sí, todavía hoy estamos unidísimas», confirma la otra.

Es obvio que las hermanas Vázquez Mourelle, Raquel y Ethel, son gemelas, pero bastan unos minutos para darse cuenta de que su parecido no es solo físico, sino que todavía hoy, cuando ambas residen en ciudades distintas y trabajan en campos muy diferentes, parecen irremediablemente ligadas por un hilo invisible en el que Ponteceso, la localidad en la que se criaron (nacieron en Santiago, pero a los pocos días se trasladaron ya a Bergantiños), juega un papel muy importante. «Nuestros padres [Manuel Jesús Vázquez Barca y Benigna Mourelle Mosqueira] son de la zona y además los dos daban clase en el colegio Eduardo Pondal, donde nosotras estudiamos EGB, así que allí está toda nuestra niñez», explica Ethel, actual directora general de Infraestructuras.

«Entre el trabajo y la familia ya no visitamos el pueblo tanto como nos gustaría, pero nuestro padre adoraba Ponteceso y eso es lo más nos une a la localidad», cuenta Raquel, en una de las muchas ocasiones que el recuerdo de Manuel Jesús, fallecido en octubre del 2004, sale a relucir. «Estábamos muy unidas a él y lo adorábamos», añade.

Él, que nació en la parroquia de Anllóns, y su madre, natural de Cabana, fueron, explican las hermanas Vázquez Mourelle, los que les enseñaron a querer a Ponteceso. «Allí vivimos una infancia completamente feliz», insiste Ethel. Una infancia, recuerdan ambas, muy ligada al centro escolar. «Vivíamos justo al lado del colegio, en las casitas de los maestros y estábamos todo el día en la calle, jugando con los compañeros de clase o con los hijos de los demás profesores», rememora Raquel. «Solo teníamos que cruzar la puerta de casa y ya estábamos en el patio o en la cancha de baloncesto», añade Ethel, quien explica que ambas fueron, desde muy pequeñas, muy aficionadas al deporte. «Éramos bajitas, pero siempre jugamos al baloncesto y también nos gustaba el atletismo», dice.

Hasta octavo de EGB ambas compartieron clase, compañeros, amigos e incluso equipos de baloncesto, así que confundirlas no era nada raro. «Sí, de pequeñas nos confundían mucho y, además, nuestra madre nos vestía iguales. Recuerdo perfectamente un vestido azul marino en el que tuvo que ponernos el nombre para que no nos lo cambiásemos», explica Ethel. «Seguro que incluso aprovechamos las confusiones para hacer alguna trastada, que probablemente sería idea de Raquel, porque ella siempre fue más extrovertida», se ríe.

Confusiones

«Lo más divertido llegó hace año y medio, cuando las dos estábamos embarazadas de ocho meses. En la cafetería de la Xunta nos confundían muchísimo», dice Ethel. «Era alucinante, porque a mí me ha pasado, incluso, de acercarme al despacho de mi hermana para hablar con ella y me paraban por el camino para consultarme cosas de Augas de Galicia», se ríe Raquel.

La estrecha ligazón de ambas con Ponteceso se rompió al acabar EGB, cuando toda la familia se trasladó a A Coruña, para que las hermanas estudiasen BUP y COU en el colegio Compañía de María. «En Ponteceso no había instituto, así que no quedó más remedio», dice Ethel. «Poco a poco fuimos perdiendo contacto con los amigos del colegio, pero los recordamos a menudo, porque eran muy nobles, muy buena gente», añade Raquel. «Seguimos informados por nuestros tíos, que nos mantienen al tanto de todo lo que pasa», asegura Ethel.

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