La población extranjera en la comarca cae por segundo año«La Costa da Morte es un paraíso»

Tras casi una década de crecimiento, la situación se estabiliza


carballo / la voz

La población extranjera que reside en la comarca baja por segundo año consecutivo, tras casi diez años en los que creció de manera considerable. En el 2009, por ejemplo, se cuadriplicó con respecto al principio de la década, sobrepasando por primera vez los dos millares de empadronados en Bergantiños, Soneira y Fisterra, además de Cerceda.

Sin embargo, en el 2010 ese ascenso meteórico se frenó, y bajó en una persona con respecto al año anterior. Casi lo mismo ha pasado en el 2011, cuyos datos acaba de hacer públicos el Instituto Nacional de Estadística (INE). En este caso, la caída en el cómputo global ha sido de solo cinco personas, pasando de 2008 a 2003.

El cambio de tendencia es evidente, pero las cifras globales esconden una gran variedad de casos. Es curioso, que, en once concellos, la población extranjera crece, pero en casi todos de una manera poco perceptible (una, dos, diez o incluso veinte personas). Acaso Cee, con 23 más, o A Laracha, con 19, sean los que más destaquen. Por contra, las bajadas son mayores, más homogéneas y arrastran la media: Carballo, 23 menos; Cerceda, 17 menos, los mismos que Laxe, y Vimianzo, 22. El único que se mantiene igual es Dumbría, con diez foráneos empadronados.

En Vimianzo destacan los trabajos que realizan con la comunidad inmigrante en el departamento de Servizos Sociais: asesoramiento, psicólogo, emergencia social, idioma, trámites... «Intégranse moi ben», señala Sandra Abeijón, responsable del departamento. Muchos, por cierto, son de Senegal, una colectividad que se renueva con cierta rapidez.

En Carballo los extranjeros no dejan de ir a menos desde que se batió el récord en el 2008, con 798. Aun así, proceden de 43 nacionalidades distintas.

Jutta Reynolds, de 68 años, es alemana de nacimiento. Aunque, como explica, ha pasado su vida en muchos países, desde Italia a Estados Unidos o Arabia. Desde el verano del 2007 reside en Fisterra, aunque no todo el tiempo. Entre noviembre del 2008 y mediados del 2010 pasó una larga temporada con sus hijos en Alabama y Míchigan, en Estados Unidos. Ya de vuelta, Fisterra es su hogar.

Confiesa que le encanta el lugar, el entorno y la gente, «muy amistosa», cualidades que la animaron a venir como amante que es de la naturaleza. Y sobre el paisaje (lo aprovecha también como pintora) emplea elogios: «La Costa da Morte es un paraíso, podría decirse que estoy enamorada de esta zona». En su primera estancia, cuando tenía coche, recorrió muchos rincones, y ahora que está sin él, camina hasta 20 kilómetros al día.

Su tarea pendiente es la lengua: «Hablo un horrible castellano», reconoce exagerando un poco [su inglés es perfecto] y trata de mejorar día a día.

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