«Laxe é o meu paraíso, o único lugar no que desconecto»

El jefe de sala del parador de Monforte está considerado como uno de los mejores metres de toda la compañía


carballo / la voz

Cuando acabó COU su sueño era estudiar INEF, pero, cosas del destino, su nota media fue insuficiente para entrar en la escuela deportiva, así que el laxense Fran Gómez Mato se vio obligado a replantearse sus sueños y, en contra de todo pronóstico, apostó por la hostelería. «É curioso, porque agora, cando me paro a pensar sempre me digo: Eu nacín para isto», reconoce.

Pero no siempre fue así, sino todo lo contrario. «Meus país tiñan o mítico bar Playa e eu sempre botei unha man, así que non me gustaba moito, porque mentres que os meus compañeiros ían xogar eu tiña que quedar traballando e iso sempre me fastidiou», cuenta hoy el actual jefe de comedor del Parador de Monforte.

Eso sí, el se quedaba en el bar, sirviendo las mesas, mientras que sus hermanos pequeños se ocupaban del resto. «A eles tocáballes quedar detrás da barra ou limpando», recuerda.

Hoy, considerado uno de los mejores metres de España (fue el más joven de la red de paradores), Gómez Mato confiesa que su trabajo le enganchó desde el primer momento.

«Cando vin que non podía estudar o que quería, unha veciña, que era a xefa de estudos do instituto, animoume a facer Hostalería, así que marchei para Santiago e fun o número un da miña promoción», cuenta. Mientras tanto, durante los veranos, de los 18 a los 24 años y siguiendo los pasos de su padre, Fran dejaba el bar familiar y se marchaba a trabajar a hoteles del Mediterráneo. «Era duro, moi duro, porque durante catro meses o único que vía era a bandexa e non podía seguir o ritmo dos amigos que quedaban en Laxe gozando dos veráns. Facía moitos cartos e á volta podía permitirme moitos caprichos, pero traballaba sen descanso», recuerda. Ahora, añade, se desquita, y en cuanto tiene un día libre coge la moto y se escapa a su Laxe natal, el único lugar en el que, asegura, se relaja y no le da vueltas a la cabeza. «Intento ir polo menos unha vez ao mes, porque Laxe é o meu paraíso, o único lugar no que desconecto. Gozo agora de Laxe o que non gozaba de pequeno», afirma.

La pena, cuenta, es que cuando regresa a Laxe le resulta muy complicado reencontrarse con sus compañeros. Sobre todo aquellos con los que jugaba al fútbol en el equipo local, otra de sus pasiones de juventud. «A maioría dos da miña xeración marchamos da vila a buscar a vida, así que agora é moi raro que coincidamos», explica. Del deporte rey, en cambio, se desquita, «xogando dous ou tres partidos de fútbol sala á semana».

Eso, cuando su trabajo en Monforte, donde lleva ocho años, se lo permite, porque Fran reconoce que es «casi, casi», un yonqui del trabajo. Como jefe de sala, se ha convertido en el número dos del establecimiento (por detrás del director) y su trabajo consiste, explica, «nun pouco de todo». «Contrato os eventos, dirixoos, controlo ao persoal, fago as compras organizo as cartas coa cociña...» Y de todo eso, asegura, lo que más le gusta son las bodas. «Éncantame casar á xente, a pesar de que dea moito traballo», dice con una sonrisa.

Aunque, confiesa que, paradójicamente, el suyo es un trabajo difícil para las relaciones de pareja: «En fin de ano, por exemplo, entrei a traballar as doce da mañá e saín ás seis da tarde do día seguinte e eses horarios hai poucas parellas que os soporten. É duro e difícil de entender, pero encántame», dice.

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