1 Aquellos que hayan tenido (o tienen) la suerte de disfrutar de sus abuelos seguro que han oído muchas veces historias de su infancia. Es probable que les hayan contado como eran ellos de niños, lo mucho que costaba antaño ir de un sitio a otro porque las carreteras eran malísimas (o inexistentes) y los medios muy escasos. Quizás les hayan oído hablar de las cosas a las que jugaban de niños o cómo eran las escuelas en sus tiempos. Aquellos que hayan podido disfrutar de sus abuelos deberían darse cuenta de que son muy, muy afortunados. Sobre todo cuando los mayores se encuentran bien y su memoria no les juega malas pasadas, porque ya se sabe que el paso del tiempo es malísimo para los recuerdos. Por eso es tan importante ejercitar el cerebro y por eso es una maravilla que los concellos y asociaciones sigan organizando talleres de memoria, en los que los mayores encuentran vecinos y compañeros con los que compartir muchas experiencias. Ayer, por ejemplo, arrancó uno de esos obradoiros en el Centro de Maiores de Neaño, donde la monitora Jéssica Pérez, de la empresa Breogán de Xestión, se ha convertido en la «profe» de un buen número de veteranos vecinos que tienen muchas (y muy interesantes) cosas que contar. Se reunirán todos los martes por la tarde para realizar diferentes ejercicios (juegos, pasatiempos y otras actividades) que les ayudarán a mantener la mente en forma. Alguno incluso acaba aficionándose a los sudokus e incluso al ajedrez.

Los de Cabana no serán los únicos mayores que disfrutarán de este tipo de talleres, ya que pronto habrá otro en la Casa do Mar de Corme. Incluido en la programación de la Escola Municipal Susa da Chasca, se llevará a cabo los martes y viernes y comenzará el próximo día 31, así que los interesados en participar (mayores de 50 años) todavía están a tiempo de anotarse. No tienen más que acercase hasta la Casa do Mar, hasta la oficina municipal de Corme o, más fácil todavía, llamar a los teléfonos 981 738 428 o 981 714 000 (extensión 18).

Música con los Reyes

2 Es posible que alguno de los mayores de Cabana y Corme incluso se animen a cantar los temas que entonaban cuando eran niños, o que recuerden piezas casi olvidadas que podrían recuperar los grupos de la comarca. Como, por ejemplo, los gaiteiros de Lúa Chea de San Xoán, la asociación cultural de Borneiro, que este año se convirtieron en los pajes de los Reyes Magos que visitaron Cabana. Pasaron frío, pero lo combatieron con muiñeiras y jotas, de las que se encargaron Fernando Mato Vilariño, José María de la Fuente Pereiro, Eva de la Fuente Rodríguez, el concejal Carlos Allo Cundíns, Manuel Fernández Carrera, Manuel Rodríguez García y Mario González Cancela.

Coral de Camariñas

3 Lo cierto es que las pasadas Navidades fueron, en general, unas fiestas muy musicales. Y no precisamente por los altavoces que acompañaban a las cabalgatas (¿quién se encargará de elegir la música?), sino porque en algunas localidades aprovecharon las celebraciones para hacer gala de sus voces. Y en algunos casos hacía tanto frío que el mérito era doble, porque cantar cuando las notas se congelan nada más salir de la boca es realmente difícil. Que se lo pregunten si no a las integrantes del coro municipal de Camariñas, que dirige Mercedes Vázquez, a las que no hay más que ver en la imagen de la izquierda para comprobar que tuvieron que abrigarse mucho para estar a la altura del desfile de Melchor, Gaspar y Baltasar. A pesar del frío, los villancicos sonaron fenomenal.

Gran fiesta en Fisterra

4 Durante los últimos días ya les contamos lo bien que se lo pasaron los niños en las muchas cabalgatas que hubo en la Costa da Morte. Fueron tantas que casi no hubo ni sitio para todas, así que hoy todavía llegan algunas a esta página. Como la gran fiesta de Fisterra, organizada por la concejalía de Cultura, que capitanea Santiago Insua Esmorís-Recamán. Los niños no solo tuvieron la oportunidad de entregar sus cartas a Melchor, Gaspar y Baltasar, sino que además disfrutaron de una gran fiesta animada por la compañía Duende Sico en la que también hubo animación musical, talleres de globoflexia y maquillaje, hinchables, y, por supuesto, kilos y kilos de caramelos. Fue, sobre todo para los más pequeños, una jornada inolvidable.

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Los mayores de Cabana ponen a punto su memoria