«Si mi padre se entera de lo ocurrido, se muere de pena»

marta valiña CARBALLO / LA VOZ

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La familia García Alén y los operarios de una empresa de mudanzas recogieron ayer toda la colección de cerámica.
La familia García Alén y los operarios de una empresa de mudanzas recogieron ayer toda la colección de cerámica. j. m. casal

Los hijos del etnógrafo recogieron ayer entre lágrimas las cerca de 300 piezas de la magnífica exposición que había cedido a Buño

30 dic 2011 . Actualizado a las 12:32 h.

María García-Alén era ayer el reflejo de la pena absoluta. Se esforzaba por mantenerse entera mientras envolvía con un cariño infinito las piezas de olería de la colección de su padre, Luciano García Alén. Pero, a pesar del empeño, era incapaz de contener las lágrimas. Su hermano, Francisco, le suplicaba que se calmase, porque era evidente que él también sufría. Los dos se enteraron hace quince días de que el Centro Comarcal de Buño cerraba sus puertas y una escueta carta firmada por el «liquidador de la Fundación Comarcal» les informaba de que debían recoger las 300 piezas que su padre había cedido en marzo del 2009. «Para nosotros ha sido un golpe tremendo, pero para mi padre será el disgusto de su vida», explicaba María mientras embalaba y documentaba cada una de las obras de arte. «Si mi padre se entera de lo que ha pasado, se muere de pena», insistía. Y es que, de momento, no han querido decirle nada.

Luciano García Alén se está recuperando de un ictus (lo sufrió hace apenas unos días) y la noticia podría suponerle un auténtico mazazo. «Le diremos que el centro comarcal ha cerrado por reformas y que por eso hemos tenido que recogerlo todo», explicaba María con los ojos llorosos, consciente de que el sueño de su padre ha llegado a su fin.

«Esta era su máxima ilusión. Siempre tuvo claro que las mejores piezas de su colección tenían que estar en Buño, que esa era la forma de impulsar a los oleiros y a la localidad», añadía. Su hermano, por su parte, mostraba la misma contrariedad y aseguraba que la decisión de la Xunta es incomprensible. «Esta es una de las mejores colecciones del mundo, única, pero parece que no se dan cuenta de lo que significa, porque no nos han dado ninguna opción para que siga a disposición del público. Lo único que nos dijeron es que el edificio pasaba a manos de la Consellería de Economía y que teníamos quince días para recoger todas las piezas, o se quedarían dentro, desprotegidas», se lamentaba.