Convivencia generacional bailando peonzas

Niños y adultos jugaron juntos en Ponteceso en la primera de las actividades del Museo Etnolúdico de Galicia


carballo / la voz

Es posible, muy probable, que Eugenio Pérez Costa y Julio Eiroa Mosqueira no sean capaces de manejar el mando de la Wii, pero ambos, y otros cuantos de su generación, le dieron mil vueltas (nunca mejor dicho) a los niños que ayer participaron en Ponteceso en la primera edición del Festipopeóns, organizado por Ricardo Pérez Verdes, promotor del futuro Museo Etnolúdico de Galicia (Melga), que tendrá su sede en la localidad. Si bien es cierto que algunos pequeños, como Aarón, eran capaces de hacer bailar la peonza con maestría, la verdad es que el resto a duras penas podía enganchar la piola (cuerda) en la perrera (parte superior) y de envolverla alrededor de la barriga del peón. «Se ha perdido la coordinación motriz», se lamentaba Pérez Verdes, quien no obstante no podía dejar de sonreír al comprobar que su llamamiento había tenido un gran éxito.

Medio centenar de vecinos, niños, jóvenes y mayores, se reunieron ayer junto al Centro Cultura de Ponteceso para recuperar un viejo (y divertido) juego. «Ya lo dice el refrán, polo san Martiño, peóns ao camiño», contaba Ricardo mientras explicaba a los niños, con paciencia infinita, cómo tenían que colocarse para que la peonza girase sobre el ferrón (punta metálica) y no sobre la perrera, también conocida como pirucho, capirucho, coca, bembís, «y mil nombres más».

Durante tres horas, los más jóvenes se olvidaron de los ordenadores y demás aparatos electrónicos y disfrutaron, igual que sus padres y abuelos, de un juego sencillo, «que jamás se olvida». Prueba de ello, los veteranos Eugenio y Julio, que confesaban con una sonrisa que hacía más de 60 años que no hacían bailar el peón. Seis décadas sin enrollar la piola, pero, sin embargo, lo hacían de maravilla e incluso se atrevían a levantarla del suelo y a hacerla girar sobre la palma de la mano. «Isto é como o de andar en bici, que nunca se esquece», decía otro de los abuelos presentes en la cita y que se reía de su nieto porque su peonza «baila sobre a perrera».

No todos los que asistieron a la fiesta lograron su objetivo, pero sí lo hizo Pérez Verdes, quien consiguió que tres generaciones disfrutasen juntas de la tradición. Habrá más jornadas similares.

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