Cientos de vecinos despidieron en Corcubión a Antonio Cives

Una multitud acudió también al entierro de Borja Oreiro en Carnota

la voz

Centenares de vecinos, familiares y amigos despidieron ayer en San Mamede (Carnota) y Corcubión a los dos jóvenes fallecidos en la madrugada del domingo en un accidente de tráfico en Corcubión.

El fallecimiento de Antonio Cives Trillo causó una gran consternación en el municipio corcubionés, donde residía la familia y donde era una persona apreciada por sus amigos. Discreto y educado, Cives deja un nutrido grupo de amigos, la mayoría se reunieron ayer en la localidad en un entierro en el que se vivieron intensas escenas de dolor.

El féretro llegó a las cinco y cuarto desde el tanatorio A Xunqueira, en Cee, hasta la iglesia de San Marcos, donde cientos de vecinos lo recibieron en riguroso silencio. Sus padres, con la amargura en el rostro, siguieron el ataúd hasta la iglesia, abarrotada. Cientos de personas hubieron de esperar fuera para acompañar después a cuerpo de Cives en su último viaje hasta el nuevo cementerio de Cee.

El joven, de 20 años, perdió la vida en el Ford Fiesta que conducía el carnotán Borja Oreiro, quien falleció también en el mismo accidente, cuando el coche en que viajaban desde Faro Cee hasta Corcubión se salió de la carretera a las cinco y veinte de la madrugada.

Bora Oreiro fue despedido ayer en San Mamede, en Carnota. Su padre, José Oreiro, fue diputado y alcalde del municipio. Un gran número de políticos de todos los partidos se acercaron hasta el lugar para acompañar a la familia. En la abarrotada iglesia de San Mamede estuvieron, entre muchos otros, el presidente de la Diputación, Diego Calvo; el conselleiro de Presidencia, Alfonso Rueda; la de Sanidade, Pilar Farjas; la de Mar, Rosa Quintana, y el titular de Cultura, Jesús Vázquez.

El único que salió con vida del accidente del domingo fu David Coiradas, quien ocupaba el asiento del copiloto y que resultó herido leve.

Ayer asistió, con un collarín, al funeral de Antonio Cives. Coiradas estuvo rodeado por sus amigos y visiblemente abatido. Él fue quien dio la voz de alarma tras el siniestro.

Los tres, además de amigos, compartían piso en Santiago, donde estudiaban. No se sabe qué pudo pasar en el Ford Fiesta, que se salió de la carretera en una recta de una carretera secundaria en la que ni siquiera hay marcas de frenadas. Por algún motivo el conductor perdió el control del coche que acabó cayendo por un empinado terraplén y empotrándose contra un árbol en una zona muy poblada por la maleza y poco transitada.

Los tres estuvieron de noche en la fiesta de las Mercedes, en Corcubión, de donde salieron de madrugada a faro Cee, un lugar situado a pocos kilómetros del castillo del Cardeal. Lo más probables es que el coche circulara a una velocidad indebida en el viaje de vuelta. Los bomberos que llegaron al lugar el domingo no pudieron más que excarcelar los cuerpos sin vida de los dos jóvenes.

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