Los candidatos que nunca comerían caracoles

Eduardo Eiroa Millares
e. eiroa CEE / LA VOZ

CARBALLO

Las respuestas de quienes optan a la alcaldía dejan muchas curiosidades

20 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Las respuestas de los 61 candidatos al cuestionario que ha planteado La Voz a lo largo de la campaña dejan muchas curiosidades.

Así, ante la pregunta de qué no comería, hay mayoría en un producto. Diez candidatos no comerían jamás caracoles. Los hay de todos los partidos. Hubo dos, Pedro Osende y Francisco Javier Lema, que optaron por la carne humana, Manuel Varela, del BNG de Ponteceso, tiene más aversión a la de perro, mientras Alberto Blanco, Rocío da Igrexa y José Manuel Pequeño rechazarían las serpientes. Amancia Trillo apunta a la lamprea.

En cuanto al parque móvil, la zona está en la gama media alta, y más entre los alcaldes, aunque con excepciones. En la cima por precio, el BMW X6 de Manuel Barcia, candidato del PIED en Dumbría, seguido del mediático Touareg del alcalde de Cee, Ramón Vigo, y de los Mercedes de Manuel Becerra, Francisco Santos, José Ramón Varela, José Ramón Rojo, José García Liñares, José Marcote y Pedro Osende y del Audi de Sueiro y el Volvo S60 de Borbujo. En el otro lado, el Lada Niva de Faustino Gándara y los pies de Modesto Fraga y Amancia Trillo, que carecen de vehículo.

En vinos todos están entre Rioja, Ribera del Duero y los gallegos. Solo uno, Roberto García, del BNG de Malpica, ofrece una denominación distinta: Somontano.

Todos, salvo Pedro Osende, están contra el despido libre y casi todos prefieren actores y actrices como Jack Nicholson y Katherine Hepburn, muy citados, aunque también se cuelan con frecuencia Luis Tosar y Penélope Cruz.

En libros gana la novela y los best-seller. Fuera de la narrativa solo dos casos, los dos poetas de Modesto Fraga -Neruda y Miguel Hernández- y el historiador de José Manuel Pequeño, Ernst Gombrich.

En los pescados, los clásicos: lubina, mero, lenguado, rodaballo, sardinas. Oróns prefiere la raya. Y todos, eso sí, están en contra de la pena de muerte.

El cuestionario de la voz