La agricultura verde se pone de moda

Los sistemas productivos sostenibles pueden ser una salida al rural gallego

r. rivera
carballo / la voz

La buena mesa en Galicia gusta. Capones de Vilalba, queso de Arzúa o patatas de Coristanco son productos con nombre y apellido, que por tradición se reconocen como alimentos de calidad y producidos artesanalmente. Sin embargo, llamar agricultura ecológica a una señora vendiendo huevos «da casa» en un mercado es incorrecto, y tampoco todos los productos tratados supuestamente de manera tradicional pueden considerarse orgánicos.

Las explotaciones agropecuarias basadas en la sostenibilidad no solo son beneficiosas para el consumidor, que se alimenta de productos libres de compuestos químicos como herbicidas o fitosanitarios, sino también para el suelo. Con este tipo de tratamientos se reduce la esquilmación de los recursos naturales y también el riesgo de toxicidad que puede acarrear el cultivo habitual.

Por eso, la certificación ecológica que otorga el Consello Regulador da Agricultura Ecolóxica de Galicia (Craega) observa no solo el cultivo del producto, sino también su elaboración, envasado y comercialización. En los últimos tiempos, según el Craega, el número de empresas que se suben al carro de la sostenibilidad ha ido en aumento, sobre todo en la provincia de Lugo. Un dato avalado también por el Ministerio de Medio Ambiente, cuyas estadísticas del año 2009 reflejan que la superficie dedicada a la agricultura ecológica se duplicó entre los años 2005 y 2009, pasando ya del millón y medio de hectáreas.

La contraprestación para el cliente suele ser el precio. Por eso, la mayoría de los empresarios apuestan por una diferenciación en sus productos, fomentando una imagen de marca fuerte y envasados muy cuidados. Su lema parece ser: si lo haces bonito, el cliente percibirá que es de mejor calidad y pagará más por él.

Este es el caso de la empresa Cangas Artemar, creada por cuatro amigos que hicieron una delicatessen con las algas que invaden las rías del sur de Galicia y así, de paso, ayudan al medio ambiente. Apostaron por diferenciarse con ese producto, pero también con la sardina, el mejillón en escabeche y la ventresca de bonito.

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