«Eu son de Corme e iso é parte do meu carácter, é o peso da historia e da familia»

Guarda numerosos recuerdos de su pueblo natal y siente «morriña do mar»


carballo/la voz.

De Corme solo tiene buenos recuerdos y, al tirar de uno, le salen cientos. Describe a la perfección donde estaba cada edificio, cada paisaje que él describe según su memoria y cuyo estado, en algunos casos, era mejor que el actual. Por ejemplo, de la arena de conchas que había en la cala Area das Cunchas solo queda eso, el nombre. Justo al lado, en una finca generacional y familiar «que daba moi boas patacas», él soñó siempre con construir una casa. «De pequeno fixen os planos, era como un barco afundido». No entiende tampoco la eliminación de aquel túnel al final del puerto, donde niños y adultos se divertían «berrando» con eco.

José Víctor Lorenzo Mosqueira nació el 9 de abril de 1962 en A Paxariña (Corme Porto), lo que hoy es la Praza de España. Fue su padre y otros vecinos quienes, en una fiesta, le pusieron ese nombre, «para darlle máis importancia». Y Víctor después haría el cartel que así lo proclamaba, con colores y cintas, sobre la parte blanca del papel que venía en el sobre de unas panties que había comprado su madre. Años más tarde, llegó una placa de chapa. Cerca, estaba «a zona de Jolibú, así como soa, [hoy praza da Constitución]».

A Coruña con 4 años

Sus padres se mudaron a A Coruña cuando él tenía cuatro años. «Recordo ben ir marchando, no camión dos mobles». Víctor, segundo de cinco hermanos, reconoce que el premio por las buenas notas era pasar el verano en Corme, el que es su lugar. «Eu sempre digo que son de Corme, aínda que me criase na Coruña. É parte do meu carácter, é o peso da historia ou da familia». Allí aprendió a nadar «estilo perrito, na praia da Arnela ou da Ribeira». «Benigno, un veciño, afillado de miña nai, dicíame: 'Estaste agarrando'. Eu dicíalle que non e dáballe aos brazos».

De ahí a la pesca submarina poco hubo. Iban sin traje, «cun fusil perralleiro e unha navalla». Salían del agua con los dedos blancos, «sen tento». Aquello era libertad. Como salir de casa descalzo, sin toalla, solo con el bañador «ao que miña nai lle bordara un barquiño». «Iba moito á praia da Hermida». Jugaban al tatarí [«¿Tatarí?», «Ta-ta-rí, merda pra ti»] o a representar las películas del cine. Él recuerda «o do Birlote», pero también había «o de doña María». «Apañar jolfe no verán» o coger lapas «no Petón das Jaivotas» formaba parte también de los pasatiempos veraniegos.

Amigos y sociedad

En aquellas bicis BH que ellos llamaban Mofa e Befa (nombre que ahora tiene el dúo cómico que comparte con Evaristo Calvo) iban hasta Laxe, Vimianzo o el castro de Borneiro. La lista de amigos es amplia: Manuel Torres, Alfonso Gómez, Suso Lista, Toñito Canosa, José Manuel, Benigno y también su hermana Luisa. Son solo algunos.

Paco de Amalia, que ahora está en Nicaragua, le dejó un testimonio claro de lo que es ser de Corme: «Foi facer o carné e puxéronlle nacido en Ponteceso e xa o rachou alí mismo», ríe. No es por mal, «pero os de Corme sempre fomos moi nacionalistas de Corme». «Eu veño dunha familia moi republicana, cun avó morto na Arxentina sen poder volver». «Penso que Corme foi un dos primeiros pobos de España en proclamar a República», asegura. Después, en la época de transición, recuerda Víctor, «facíanse moitas manifestacións». En una huelga de recogida de basura, él mismo llegó a participar en una «barricada de lixo».

«Nos setenta facíanse moitas queimadas, moitas festas, falábase moito de política, era unha época moi vital». Época en la que se cantaba mucho -también hablando-, arte del que Víctor participa. Se atreve, además, con la guitarra (que tocaban sus tíos Adolfo y Alfredo), el serrón, la mandolina, el clarinete y la armónica. Con esta última una longeva relación. «Era meu avó un neno, nacido en Camariñas, cando pasados dous anos do afundimento do Serpent chegou alí una boleta británica. Un dos homes que viña quería ver onde estaban enterrados os náufragos e díxolle aos nenos que a aquel que os levara daríalle unha armónica. Antes de que acabase de dicir esa palabra, xa meu avó lla estaba collendo das mans». También su padre la tocaba y Mosqueira (que no Mosquera) no iba a ser menos. «Cando me poño con algo, non paro», dice, a modo de rabudo.

La barbería de Mamá Lela, su tía abuela, le trae a la memoria un cancionero sobre Corme y también la forma en que ella mantenía quieto al niño Víctor: «Ensinou a xogar ao axedrez e recordo como me ía caendo o pelo no tableiro e eu sopraba». Chuca, su bisabuela, «xa sabía ler daquela». «Era unha muller importante, porque aínda seguimos conservando o nome: Elvira de Chuca era miña avoa, Elviriña de Chuca é miña nai e Elviritiña de Chuca é miña irmá». Al hilo de las mujeres, recuerda las palilladas, «unha pasada».

Pasados los años, en su vocabulario sigue arruallo o estróballe y en su mente quedó aquello «mocear» o la buena discografía de la discoteca Miramar. Era también un buen jugador del fútbol y así lo demostró en el Orzán y también en el Corme C. F, equipo que lo acercó a Rafael do Casino, Paco O Rubio , Andrés de Vilagarcía, Porteiro o Suso da Torriña. Víctor guarda recuerdos «con ulido», como el ir con su madre a la playa da Arnela y ver brillar la mica tras del paso del agua. Tiene «morriña do mar» y, por eso, ha decorado su «cabaña» de Bastabales con ambiente marinero. Incluso tiene allí las mismas flores que un día había en aquella huerta donde su abuela enterró hace años un carné de sindicalista.

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