La felicidad ansiada nunca se podrá buscar en «Google»

La ferrolana Marián Bañobre abrió la Rúa dos Contos con «A filla de Woody Allen»


carballo/la voz.

«A felicidade non viaxa en barco nin en avión. A felicidade non é algo que se poida buscar en Google. Non se pode buscar no bolso nin se esconde no fondo do armario dos zapatos. Non é unha cousa de andar pola casa». Con semejante afirmación, la actriz ferrolana Marián Bañobre se despachó a gusto hacia el final de su espectáculo, el que que ofreció el viernes en Carballo. Por supuesto, esto bajo guión. El papel a interpretar era complejo por dos motivos: el primero, por ser el primero de la Rúa dos Contos de este año (por lo que la gente iba con las pilas cargadas y con ansias de entretenimiento preparadas) y, el segundo, por tener que interpretar a la hija gallega (supuesta y ficticia) del conocido cineasta Woody Allen. Así se titulaba precisamente su espectáculo: A filla de Woody Allen.

Sala oscura, las sillas dispuestas, el telón de fondo de color negro y solo una intensa luz que variaba de color proyectada sobre el escenario. En él, solo la actriz. Esa era la situación de la Casa da Xuventude, donde se ofreció la actuación. Escrito y dirigido el guión por el pontevedrés Santiago Cortegoso, la idea nació precisamente al tener Marián Bañobre (y, por consiguiente, la primogénita que interpreta) cuatro rasgos con los que, posiblemente, muchos de los espectadores de Carballo (algo más de medio centenar) se sintieron identificados: una dosis de excentricidad, bastante de inseguridad, cierto toque de hipocondría y mucho humor.

Pero A filla de Woody Allen no es simplemente un espectáculo para la risa despreocupada, sino también para la reflexión. Sirve incluso para preguntarse sobre la filosofía o la política de Barack Obama y sobre los costumbres estadounidenses. Esa hija que solo sabe de su padre que vive en Nueva York, que toca el clarinete y que cada aniversario le manda algún regalo, emprende el viaje de su búsqueda, pero además emprende también el del encuentro consigo misma y con lo que realmente desea. Vive una vida de rutina, plena de cosas, pero insatisfecha.

El suyo es un viaje abstracto, en el que hacia el final recrea su propio nacimiento e incluso va quitando prendas de ropa sobre el escenario. Quizás como metáfora de desprendimiento de lo banal y lo falso para encontrar la felicidad buscada en uno mismo. Un sentimiento que da vueltas, como las decenas de ellas que, de nuevo ataviada con falda, dio Marián Bañobre para cerrar su espectáculo. Gustó, hubo aplausos y la compañía clausuró así con éxito su paso por Carballo, recién llegados de Madrid.

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