«Xocaloma era máis coñecido fóra que dentro de Carballo»

Es multiinstrumentista, y siempre autodidacta. Compositor prolífico, fundó el mítico grupo carballés


Todos los Romaní que hay en Galicia dan para una parroquia pequeña. No llegan a los 400. Es curioso que los más conocidos están vinculados al mundo de la cultura y de la ciencia. En Carballo no hay más que tres. Uno de ellos forma parte de la historia con mayúsculas de la música tradicional gallega. Y no solo por haber creado Xocaloma (a él le corresponde la Xo, la primera de las cuatro sílabas), sino por su labor compositora (entre otros, para Pucho Boedo) y su trabajo dinamizador de la cultura y la música en Carballo.

Xosé Luis Silva Romaní llegó a Carballo en 1968 procedente de A Coruña (esta ciudad y Muros acaparan un tercio de los Romaní de Galicia). No por casualidad, pero casi. Su padre era maestro en A Brea, él se vino un verano de vacaciones y le comentaron que había un puesto de trabajo en la conservera Calvo. Aceptó, y hasta hoy.

Antes de hablar de la música, Silva detalla su experiencia laboral en la fábrica. «Foi marabillosa, con xente fantástica. Ogallá houbese máis empresarios como os Calvo en Carballo. Xente humilde, aforradora, que empregaron a moitos veciños. Chegamos a ser 700 traballadores».

No se quedan ahí sus elogios: «Calvo, para min, é tan fundamental como o propio Concello. Carballo non sería o que é de non ser por eles. Non habería a dinamización que houbo, nin os recursos indirectos que se foron creando. Aos Calvo habíalles que facer un monumento».

Pero su época en Calvo ya ha terminado. Ahora está retirado, y su descanso tiene mucho que ver con el rincón elegido: el Pazo da Cultura. Ahí pasan los dos mucho tiempo juntos. Las veladas musicales, el teatro, los cafés con los amigos, la clases de francés en la Escola de Idiomas a las que acude su mujer, los conciertos de final de curso del Conservatorio. Se da la casualidad de que el director, Miguel Barros, es amigo suyo desde la infancia, cuando se conocieron en A Coruña, y los dos han seguido una senda musical, la de uno más académica que la de otro.

Para la foto prefiere el pasillo de las butacas, que es donde está ahora su sitio. Los escenarios fueron muchos, pero esa etapa, intensa, inolvidable, ya se acabó. De no haberse fotografiado en el Pazo, tal vez se hubiese decido por Verdes, un lugar que le encanta, tanto para ver como para pescar en sus proximidades. «Pero eu estou ben en todos os sitios de Carballo, son un carballés máis e encántame vivir aquí». No obstante, pasa muchos días en Corcubión, de donde era su abuelo, donde vive la madre y un hermano. Parece Xosé Luis el de las tres cés de Miñones: Coruña, Carballo, Corcubión. Y su vida tuvo algo de tren allá por los años setenta y ochenta.

Con la guitarra

Fue durante la efervescencia de Xocaloma. Aunque, antes de llegar a ella, se fajó como músico en escenarios variopintos. Empezó gracias a saber tocar la guitarra, que aprendió de manera autodidacta. Estudió tres años música, pero eso fue mucho después. Nadie le enseñó, el talento para la música o se tiene o no se tiene, y a él le tocó. Toca casi todos los instrumentos, «pero mal, e de oído». Bien, hay uno que no toca: «A máquina de facer cartos, he, he».

En Carballo, además de encontrar trabajo y conocer a su mujer, entró de lleno en la música. Un coadjutor de la iglesia, Jaime Rodríguez, vio como le daba a las seis cuerdas y lo llamó para colaborar en las misas. «Foi aí onde empezou o que hoxe é o Coro de Carballo». Era el año 1969. Después surgieron algunos grupos. Os Rinkin, con Periscal; Ritmo 72, que llegaba a ofrecer sesiones de hasta 15 horas en el Casino. En esa época, y en otras posteriores, conoció a algunos músicos con los que más tarde compartiría trayectoria, como Mon Cerviño, «o mellor guitarrista que ten Carballo, excelente, acariciaba a guitarra como hai que acariciar a unha muller, suavemente».

Esos años incipientes en lo artístico durante toda la década de los setenta tuvieron un pequeño parón por motivos familiares. Pero volvieron con fuerza, casualmente gracias al cura, José García Gondar. «Fíxome ata catequista. É un tipo moi listo, con moita man esquerda, un fenómeno, eu quérolle moito». Funcionaba un coro de voces, Vidas Alegres, y el párroco le pidió que lo dirigiese. Y la cosa empezó a funcionar. «Vin que había uns que destacaban sobre os demais, e fomos facendo o grupo. Gañamos premios, iamos a festivais. Formamos Jocaloma, e despois Xocaloma. «Xosé, Campos, Lolita e Manolo», explica. Habría cambios, idas y venidas con los años, pero la base ya funcionaba.

Silva pensó que había que hacer algo, y llamó a Nonito Pereira, una figura de la radio. Quedó impresionado. La discográfica Zafiro se puso en contacto con ellos, y les pidió grabar ya.

De aquello salió el primer disco, Terra , en el 78. Al año siguiente, Foi un soño , nombre además de un tema que acabó dedicando a su padre (al principio era para un misionero). Son canciones fundamentales de la música tradicional de Galicia, de esas que pasarán a la historia. Cuando fueron a grabar Terra a Madrid, se buscaron la vida como pudieron y se alojaron en hoteles baratos. Como vendieron mucho, con Terra les trataron a cuerpo de rey, recuerda entre risas.

Xocaloma actuó por toda España, en Lorient. Es un clásico, pero no un profeta en su tierra. «Si, Xocaloma era máis coñecido fóra que dentro de Carballo». De hecho, solo un alcalde, Pastor Bazarra, los apoyó, ayudándoles con dinero en el viaje a Francia. Pero, le pese a quien le pese, marcaron una época.

La suya acabó en el 89. La familia, el trabajo, el cansancio. Dejaba más de treinta canciones compuestas para el grupo, y otras tantas para muchos otros, incluido Pucho Boedo. Más tarde formaría Marea Baixa, con el que iría dos años a Lorient. Coincidió con Juan Carlos Castro, edil ahora del PP, «que toca a flauta como ninguén, e a gaita, causaba sensación, unha mágoa que o deixase».

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