Todos a la caza del petroglifo

Cerca de 40 personas participaron en Vimianzo en un taller de arte rupestre dirigido por el arqueólogo Antonio Franco


No estaba previsto que el arte rupestre levantara tantas pasiones en Vimianzo. Cerca de 40 personas participaron el martes por la noche en una actividad práctica que tenía como objetivo conocer de cerca un petroglifo y aprender a observarlo, fotografiarlo y dibujarlo del modo más efectivo.

El grupo partió de Vimianzo y llegó a al petroglifo de Pedrouzo, cerca de Berdoias, poco después de las ocho y media de la tarde. La hora tenía su importancia, porque el crepúsculo y la noche son los mejores momentos para observar y fotografiar un petroglifo.

Así lo explicó el arqueólogo Manuel Antonio Franco a los que asistieron a la actividad. La razón es que los viejos grabados se perciben mal, con el paso de los siglos, a plena luz. El tiempo ha ido borrando su huella. Las sombras que produce en los surcos la luz del sol, cuando cae de modo oblicuo sobre ellos, hace que se perciban mejor las figuras.

No fue el único método que aprendieron los intrépidos exploradores. Para llevarse una copia de un petroglifo hay también un truco que no falla. Se pone sobre la piedra un papel fino que cubra todo el grabado y se frota la superficie, por el otro lado, con papel de calco. Es el mismo principio por el que se consigue que el dibujo de una moneda se quede sobre un papel al pasarle un lápiz. De ese modo, es posible no solo llevarse el dibujo exacto del petroglifo, sino descubrir trazos que a simple vista no siempre se perciben.

Quedaba todavía un tercer sistema por investigar, y se puso en práctica cuando al fin cayó la noche sobre el petroglifo de Pedrouzo. En la noche, alumbrando lateralmente con una linterna, las sombras se acentúan en los surcos de la piedra, por lo que se pueden observar mejor. Si se dispone de una cámara y un trípode se puede, en esas condiciones, llevarse a casa una imagen casi perfecta del petroglifo que de día resulta tan difícil percibir.

El arqueólogo explicó también a los visitantes lo que se sabe -lo poco que se sabe- de esas piezas del arte rupestre. Procederían de la Edad de Bronce, entre el 2000 y el 1000 antes de Cristo, y seguramente tengan un significado religiosos, aunque hay más teorías. Lo que no hay son restos para investigar.

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