Montemaior, una parroquia rica en paisaje y patrimonio

CARBALLO

Dos capillas, un santuario, una iglesia, además de numerosos bienes culturales, otorgan un privilegiado estatus a sus cerca de 900 vecinos y 51 lugares

21 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Montemaior es una parroquia que reúne tal variedad de atractivos etnográficos y patrimoniales que casi podría ser vista como un ejemplo a escala de lo mejor (al menos, lo más singular) de la cultura de Galicia: concentra numerosas medoñas, castros, restos de una torre medieval (la de O Viso), cruceiros de excelente factura, romerías como la de Santa Margarita a las que acuden miles de romeros. Leyendas, molinos, costumbres o ritos sanatorios (con sus fuentes correspondientes) que hunden sus raíces en el paganismo y que la cristianización aprovechó, varias capillas, carballeira y dispersión rural. Dice su párroco, Isolino Esmorís, que lo peor es que va perdiendo población. Hasta en esto es un ejemplo del interior de Galicia.

Montemaior es una de las diez parroquias con más lugares de todo el país: nada menos que 51. No muy lejos, por tanto, de la tercera, Sofán, con siete más. Por cantidad, tiene mérito, teniendo en cuenta que en Galicia hay 3.799 parroquias. Sus 23 kilómetros cuadrados la convierten en una de las mayores de la zona (la supera Soandres en el municipio), y en habitantes, ya no alcanza los 900, aunque antaño fue la más poblada del término.

Placa conmemorativa

Estos días, la importancia del lugar (en este caso, pura coincidencia) está de nuevo en los comentarios debido al futuro homenaje que se le dispensará a un ilustre vecino nacido en 1874, y que murió como héroe de la Guerra de Cuba defendiendo la bandera española en 1895. Una placa de más de 80 años se conserva en la casa en que nació.

Es un buen lugar (ya que está en la plaza) para iniciar un viaje rápido que permita ver algunas de las riquezas o curiosidades de Montemaior. En O Outeiro hay al menos dos: un carballo centenario y un picaporte con forma de mano (en una vivienda que catalogada en el inventario municipal) seguramente también centenario, que llama la atención. Y de eso se trata en los picaportes: de llamar.

En Cumiáns está una de las tres capillas, iglesia de Santa Madalena al margen, que existen. El Concello las rehabilitó hace poco más de tres años. Son tres, lo que ya es curioso, pero fueron incluso cinco. A la de la Cumiáns, Santa Margarita y San Roque da Pena habría que añadir, muy probablemente, las de Xestal y O Viso.

No es solo cantidad: resulta que en todas hay misas. En la del santuario, a diario. En las de Nosa Señora de Cumiáns, los domingos que coincide con la feria de Paiosaco, y en la de San Roque, con la de Carballo, además de las celebraciones específicas. Jesús Souto Pena, concejal larachés y vecino precisamente de Cumiáns, explica que se reúne «un bo grupo de xente» en cada una de ellas. Nada que ver con lo que ocurre en otros lugares.

En Cumiáns, por tanto, en ese buen sitio para empezar un recorrido, el viajero se encuentra con la primera de las sorpresas. En la capilla, detrás del altar, hay una especie de pasadizo o hueco con salida por el que, antiguamente (el cura cree que hasta hace unos treinta años) las personas que creían que los niños tenían el aire, o la sombra, los pasaban con las dos o tres Marías (depende a quien se pregunte), sin olvidar el rito de lavar al rapaz en el manantial situado en el exterior. Si a los tres días no curaba, mal asunto (o eso se pensaba).

En la iglesia de Santa Madalena destacan en lo alto dos elementos. Uno de ellos se reproduce en innumerables templos: el altavoz para escuchar en el exterior las palabras del cura. Justo a su lado (estéticamente, no parece lo más acorde, aunque quizá se haya buscado el binomio físico de luz y sonido), un reloj de sol tallado en piedra con un prominente saliente vertical. Puede que no sea muy exacto en el tiempo, pero desde luego no pasa desapercibido.

Y, desde otro punto de vista, es una prueba de que en otros tiempos, canteros y artesanos trabajaron con tranquilidad en este lugar, que tuvo que ser muy importante. Un vecino de Santiago conserva el esquema de lo que fueron las Torres do Viso, explicó el sacerdote, y su factura pone de manifiesto que por allí moró gente con posibles. Y, vistas las evidencias del arte religioso, también muchos curas, que durante décadas habrán llegado a caballos a sus templos. Y bajaban de ellos, pero no de cualquier manera: aún se conservan algunas escaleras para que los párrocos pudiesen descender de la grupa sin problemas.

Hasta la capilla de Santa Margarita de Montemaior llegan, desde hace siglos, miles de romeros, sobre todo el día grande, el 20 de julio. Algunos, incluso cantando o recitando: Miña Santa Margarida, /Miña Margarida Santa,/ auga da túa fonte, / curoume a miña garganta . La fuente (Fonte Santa), ya se sabe, tiene propiedades curativas, y como en otros muchos casos (San Fins, Trasufre, Muíño, Vilarmaior...) hace falta pasar un pañuelo por la parte dolorida. Después, y al igual que en el ejemplo del altar de Cumiáns, a ver que pasa. Algo debe de pasar cuando tantos van.

Montemaior es único, pero en Galicia hay tres más que se llaman así: en los concellos de Val do Dubra, Outeiro de Rei y Ames. Y todos, muy pequeños. El mayor es el de A Laracha.