«O máis importante que ten Carballo é a súa xente»

Psiquiatra, ciclista y médico de ciclistas, músico del legendario grupo Xocaloma, asegura que siente el orgullo de ser carballés


Juan Carlos Díaz del Valle ofrece muchas facetas. Cada una de ellas da para un largo artículo, o para una extensa conversación, o para ambos. Como hay que concretar, lo mejor será empezar por el principio.

Nació en A Coruña por circunstancias. Su padre, militar, estaba destinado allí. Se quedó un año y pico. Después, hasta los 9, en León capital, la tierra de sus padres. Así que, técnicamente, es leonés. Pero, no: «Son o primeiro galego da familia», cuenta con orgullo. Llegó aquí tras una plaza ganada por su padre. Su infancia, jugar solo en la calle por primera vez, hacer pandilla, también carballesa, y eso marca. «Eu son carballés», enfatiza, como su mujer, sus hijos, sus amigos. Y lo enfatiza bien.

Ocurre que a veces, en el Juan Canalejo, en el trabajo, escucha algún comentario no precisamente bonito sobre el municipio, algo que le desagrada enormemente, y se encarga de compartirlo resaltando y reivindicando los aspectos positivos. Tiene claro cuáles son: «O máis importante que ten Carballo é a súa xente», destaca.

Y, tras el principio, las facetas. Habrá más, pero desde fuera, tres le caracterizan: la Medicina y la Psiquiatría, que es su vocación y su profesión; la música, como miembro del mítico Xocaloma, y el ciclismo, donde empezó como practicante y fue escalando puestos hasta ser responsable médico de la Federación Española.

Dice de la medicina que tiene el privilegio de trabajar en algo que le gusta, además «intentando axudar á xente». La especialización en psiquiatría llegó circunstancialmente, porque a él le atraía más la medicina deportiva y de hecho empezó en traumatología. Pero la mili en Sevilla lo llevó por esos derroteros: «Estaba no hospital militar e vin que había uns barracóns separados, con alambre de espiño. Preguntei o e dixéronme que era a unidade de psiquiatría. ¿Por que están separados? Contestáronme que porque eran os tolos».

Injusticia

Eso le pareció muy injusto. «Sempre pensei que tiñan que ter os mesmos dereitos. Cando acabei a mili, entrei por oposición no hospital de Conxo». Después seguiría creando la unidad de salud mental de la Costa da Morte y, desde marzo del 96, en la unidad del Juan Canalejo. ¿Contento? «Si, e podo dicir que os meus pacientes danme moito máis do que eu lles podo dar a eles». Naturalmente, su experiencia es enorme, y en mucha ocasiones se ha encontrado con los fenómenos del mal do aire , llevados antes ante un meigo. Es parte de la especificidad gallega de su materia.

La música es otro de sus vértices . Fue casi una casualidad. Un amigo del padre que da clases de guitarra, empezar a tocar algo en los locales de entonces, los de la Iglesia. Cantar en la misa de la juventud, impulsados por el párroco José García Gondar; unir las voces con otro compañero, después otros más... Y así se fue naciendo desarrollando el germen de Xocaloma. Un grupo que «marcou época», y que, curiosamente, se conoce mucho más en el sur de Galicia, y en todo caso fuera de la provincia de A Coruña, que en esta.

Con este conjunto recorrieron España y Europa, actuaron al lado de grandes agrupaciones. Una vez les pidieron cambiar el registro y pasarse al castellano. Contestaron que no. «Pensabamos que traicionábamos algo. E acertamos na decisión». Guarda grandes recuerdos de aquella época que, ya se sabe, acabó.

También le llegó el fin a la permanencia en la élite del ciclismo español. No como corredor, que no eran años, sino en diversos escalafones desde sus inicios en el club carballés (fue socio, vicepresidente, presidente) hasta la responsabilidad médica de la Federación Española de Ciclismo. Puso fin a esta vida allá por el 2002. «Tiven que deixalo, era agotador, viaxes constantes», señala. La escalada, nunca mejor dicho, se produjo tras combinaciones de su afición al pedaleo, los contactos que se van realizando, su condición médica, la llegada a la federación gallega y, de ahí, a la española.

Asegura que, en el ciclismo, le debe «moito a moita xente», pero realiza una mención especial a Jesús García Carpintero, compañero perenne. Desde su cargo vivió «momentos difíciles», cuando el dopaje empezaba a tener proyección, y conoció muy bien a los ciclistas, «que están hechos de una pasta especial. Son lo mejor del ciclismo».

Del dopaje, y de todos los problemas que rodean a este (y a otros) deporte tiene muchos recuerdos y más opiniones. Una vez acudió al Senado, con Perico Delgado, en calidad de asesor para la futura ley del dopaje. Recomendó controles, tolerancia cero, pero también advirtió contra las etapas de 300 kilómetros a medias de 45 a la hora. «Hai que humanizar o deporte, sempre o dixen. A dopaxe acaba coa saúde, éticamente non se pode asumir, e ademais fai que se perdan os patrocinios e o medio de vida destes deportistas». Cree que hay que luchar contra determinados personajes «sen escrúpulos», a las que sí les debería caer la sanción penal, pero no a los deportistas, contra los que deberían emplearse castigos administrativos. Y, sobre todo, prevención, educando ya desde la infancia, en las escuelas, en valores como la solidaridad, el respeto, el esfuerzo, el sacrificio. «E non ser hipócritas, mirando tanto para ciclistas e atletas e nada, por exemplo, cara outros como a NBA». Además, dopaje hubo siempre. Ya en los juegos de Grecia y Roma. Vigilados los atletas por sacerdotes, se castigaba con destierro o crucifixión. «¡E había igual!».

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