En el prado

| S. GARRIDO |

CARBALLO

PUNTADAS SEN FÍO

19 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

DESDE UN rincón de Soneira, sentado en un baleón , bajo un abeneiro cuyas ramas ya empiezan a poblarse, guardando las tres vacas -que nunca escaparían: más bien las acompaña en el viaje interior diario- escuchó ayer, antes de las siete, que había un nuevo Papa. Con un pequeño transistor, traído de Suiza como poca herencia material de los años de Ginebra, y que aún funciona, oyó un nombre extraño. Daba igual, ni siquiera logró aprenderse nunca el de pila polaco del anterior, del que era coetáneo en edad. No le dio importancia. Giró la cabeza un poco, sobre el río, y miró hacia la campana de la iglesia de su parroquia. A tres metros está enterrada su mujer y un hermano. Allí da misa, desde hace mucho, un buen cura que cuida de su espíritu y que durante años también le ayudó con los papeles, con la enfermedad, con la mujer. No quiere más, allí está su verdadera iglesia.