Las desgracias facilitan la amistad


x. a. | carballo

Muxía es un lugar de peregrinaciones y de encuentros. El Prestige cambió la vida del pueblo durante los últimos cuatro meses y también obligó a modificar costumbres, algunas agradables, como las constantes muestras de solidaridad que recibe. El domingo se acercó a la villa una delegación de la localidad riojana de Calahorra. Al frente estaba su alcalde, Javier Pagola, un hombre fortachón de sonrisa fácil y amable que quiso visitar a los voluntarios de su tierra que los fines de semana se acercan a luchar contra el chapapote.La recepción tuvo lugar en el salón de actos del Concello. Una docena de personas en los asientos del público aplaudió la presencia de regidor calagurritano, que escribió en el libro de honor del consistorio que estaba «orgulloso del esfuerzo» realizado por sus gentes para aminorar las consecuencias del «desastre ecológico» y deseó hermandad para dos pueblos amigos. El mandatario local, Alberto Blanco, le prometió que en el futuro hará una recepción oficial «con los honores que se merecen». Podrá ser con ocasión de la visita próxima del presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja, Ramón Luis Valcárcel. La comitiva, en la que también estaban los letrados José Luis García López y Manuel Martín Gómez, se dirigió a continuación hasta la playa de Moreira, donde Javier Pagola saludó a paisanos suyos que salían de limpiar galipote. Blanco Rodríguez aprovechó para darles las gracias por el esfuerzo que hacen por viajar a Muxía y por limpiar su costa de fuel. José Ibáñez, teniente de alcalde de Calahorra y maestro en excedencia, se encontró con una ex alumna suya. Ante la pregunta obvia, la chica aseguró que el fuel es más duro de lo que era su enseñante.

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