La Sibila y el prestigio de la Costa da Morte


POCO ANDUVE el lunes por la costa pero vi cosas: quizás un tanto diferentes a las que la tele y los diarios me han metido machaconamente en la cabeza. He visto a quienes hoy son damnificados, a marineros jubilados, a rostros surcados por la preocupación y la duda; pero casi todos tenían altivez en su mirada. La tristeza ya no reina en la Costa da Morte: o se ha quedado atrás o ha podido más que ella el serio y decidido talante de los hombres y mujeres de Fisterra, Muxía, Camariñas, Laxe, Camelle, Corme, Malpica y Caión. ? Es una brava e indomable raza que merecería su gesta ser captada por los mejores poetas de aquellas duras costas donde las peñas y rocas son las dueñas del mar de espumas y vientos, raza de héroes anónimos. ?Gonzalo, el último bardo muxián de los Abente, así decía en O Pesco : ? «Desencadeade brua unha to rmenta, ? funga o vento tolo, ruxe o temporal, ? corren pol o ceo nubarróns escuros ? y en tombos de escuma remexesa o mar ».? Cuando afronta el porvenir, ese futuro que crea dudas en algunas gentes, hoy diría:? « Raza viril: a morte vai fuxida ? bateando as negras áas no fondo abismo ? n'un todo parosismo, ? retorcendo vai, mancha vencida ? y a tercelana da xentil aurora ? me ourente a frol do teu porvir levante ». ? En 1869, Victorino Abente Lago, tío de Gonzalo López Abente, llegó a Paraguay en medio de la más sanguinaria guerra del Chaco, y escribe un gran poema épico que se convertiría en lectura patriótica obligada hasta en las más primeras escuelas:? « No llores más tierra mía; ? levanta la noble frente ? y mira el sol refulgente ? de un nuevo y hermoso día. ? La densa nube sombría ? que un tiempo extendió su velo ? de muerte sobre su suelo, ? se va fugaz disipando, ? espacio libre dejando ? al resplandor de tu cielo ».? Un muxián instruido, tanto que fue instructor de la República Paraguaya, era capaz de encender, lejos de nuestra Costa da Morte, la llama de la esperanza con la bravura de sus versos; un poeta muxián -muxián-paraguayo- triunfó en el difícil empeño de levantar la moral de un pueblo vencido. ?No hizo más que lo que cualquier hombre o mujer de nuestra Costa da Morte hubiera intentado y conseguido y de tener condiciones literarias. La bravura, el valor, el «no rendirse», la capacidad de sacrificio no es lo normal: tenerla es producto de vivir y luchar en un mar y en una tierra que, vista de cerca, asusta tanto como embelesa.?? Caminar erguidos? No hay que albergar temor ante el «porvir». Lo que sí, no dejarnos caer en la molicie de la rutina y pensar que ya empieza a ser hora de exigir, en serio, que cada uno haga lo suyo. Y no caer en la tentación de admitir caridades envueltas en papel de solidaridades.? Ya es tiempo de caminar erguidos y luchar ordenadamente: sólo así, algún día, alguien escribirá con razón La Sibila -la épica paraguaya- con la histórica y vencida tragedia de la marea negra: «¿El prestigio de la Costa da Morte?»?

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