Los diez días que nunca existieron

Para ajustar el calendario a los fenómenos astronómicos, en el mes de octubre de 1582 se tomó una medida muy extrema


La historia de la humanidad representa una búsqueda continua de aplicar una lógica a la organización del tiempo en función de los fenómenos astronómicos. Pero el Cosmos no es tan ordenado como les gustaría a los seres humanos. Debido al movimiento de precesión de la Tierra, parecido al de una peonza, la duración que necesita para completar una vuelta alrededor del Sol no es una cifra redonda. Tarda exactamente 365 días 5 horas 48 minutos y 45,5 segundos. En el día a día no estamos acostumbrados a trabajar con decimales pero si únicamente se mide el año con 365 días y no se realiza ninguna corrección, las fechas se irían desfasando respecto al reloj astronómico.

Uno de los primeros intentos conocidos de crear un calendario se llevó a cabo durante la época de los romanos. Aquel modelo presentaba grandes deficiencias. No solo tenía diez meses sino que además había días sin meses asignados. A Julio César le preocupaba este desajuste y para corregirlo encargó diseñar otro que permitiera sincronizarlo con las estaciones del año. Es decir, que la primavera, el verano, el otoño y el invierno comenzasen siempre en los mismos meses.

En el Concilio de Nicea celebrado en el año 325 después de Cristo se estableció que el inicio de la estación primaveral fuese el 21 de marzo. Esta medida originó la primera reforma del calendario, la juliana, impulsada por el propio Julio Cesar. También se propuso que cada cuatro años hubiese uno con 366 días, lo que bautizaron como bisiesto. Esto corregía las cinco horas adicionales. Un sistema que funcionó muy bien durante los primeros años pero que no tuvo en cuenta el desfase que generaban los minutos y segundos adicionales. Como consecuencia, la primavera comenzó a adelantarse a razón de un día cada 128 años. De esta forma en 1582, la estación primaveral comenzó un 11 de marzo. El problema del calendario, lejos de mejorar, empeoraba.

El papa Gregorio XIII quiso solucionar este nuevo conflicto reuniendo a un grupo de científicos en la conocida como comisión del calendario. Entre sus miembros destacaba Cristóbal Clavio, un astrónomo que había sido propuesto por Galileo Galilei. Tras escuchar las soluciones de los científicos, Gregorio XIII tomó dos decisiones. Una de ellas fue bastante radical. Ordenó que ese mismo año, después del 4 de octubre no fuese el 5, sino el 15. Es decir, la historia conocida está incompleta, le faltan diez días. Además, realizó una segunda reforma del calendario de tal modo que dejaron de ser bisiestos los últimos años de siglo que no fuesen divisibles por 400. Con esta otra modificación, el calendario actual poco a poco va ajustándose a la duración exacta del año trópico. 

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A la historia le faltan diez días En 1582 se realizó la mayor revolución en el calendario. Una de las medidas fue eliminar días en el mes de octubre

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