Ballena, sonría por favor

Doménico Chiappe MADRID / COLPISA

BIODIVERSA GALICIA

NOAA

Los drones han permitido realizar un trabajo inédito: tallar a los individuos de varias familias de cetáceos sin intrusismo ni estrés, cuando están vivas y en libertad

07 oct 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Las criaturas más imponentes del planeta peregrinan libres por mares y océanos. A pesar de ser las especies más grandes del reino animal, las ballenas salvajes han sido siempre escurridizas. Pero ahora, gracias a los drones, se las ha podido observar, medir y pesar en la península Valdés, en la Patagonia. Esos ingenios aéreos no tripulados han sido utilizados por un grupo de científicos para realizar un trabajo inédito: tallar a los individuos de varias familias de cetáceos de la especie Eubalaena, sin intrusismo ni estrés, cuando están vivas y en libertad. Hasta ahora, todos los datos que se tenían de su talla y peso se obtenían mediante especímenes capturados y muertos.

«Las ballenas barbadas son los animales más grandes del planeta, desde la franca pigmea (Caperea marginata) de 6,5 metros y 3.500 kilos hasta la azul (Balaenoptera musculus) de 33 metros y 190.000 kilos. Su gran tamaño corporal reduce la tasa metabólica y les permite almacenar grandes cantidades de reservas de energía para sobrevivir durante los períodos de baja disponibilidad de recursos, lo que a su vez les permite realizar migraciones de larga distancia», explican los científicos.

La importancia de este trabajo radica en que «aunque es una de sus características fundamentales, la masa corporal de las ballenas barbadas rara vez se incluye en los estudios científicos, debido a la dificultad de medir esta variable directamente en el campo».

En el océano Atlántico localizaron 31 hembras, 48 ballenatos y siete lactantes de ballenas francas australes. Además de fotografiarlas y grabarlas en vídeo, los científicos observaron cómo interactuaban. «Vimos muchas cosas interesantes desde arriba, incluido el comportamiento de crianza del ballenato», recuerda Fredrik Christiansen, autor principal del artículo, adscrito al departamento de Biociencia de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca. «Vimos hasta la leche materna de la ballena saliendo de la boca de la cría cuando retornaba a la superficie para respirar. Una experiencia menos alegre fue ver a las gaviotas atacar a los ballenatos cuando emergían, para alimentarse de la piel y la grasa de sus espaldas. También apreciamos en detalle el comportamiento de apareamiento».

Tras el trabajo de campo, vino el cálculo. Aplicando complejas fórmulas matemáticas y conversiones del volumen a la masa, los científicos validaron su método «para estimar con precisión la masa corporal de las ballenas salvajes, teniendo en cuenta tanto su longitud como su ancho. Nuestro enfoque se puede aplicar directamente a otros mamíferos marinos».