La NASA ha descubierto algo inquietante en el Ártico

Un nuevo satélite de la Agencia Espacial ha detectado una preocupante pérdida en la altura del hielo

Montañas de hielo navegan frente a las costas de Canadá.
Montañas de hielo navegan frente a las costas de Canadá.

El 2019 está siendo un año muy cálido en la Tierra. Las altas temperaturas durante los últimos meses se han concentrado sobre todo en el extremo norte del planeta. «La temporada de deshielo está a punto de culminar y se perfila como uno de los años con la extensión de hielo marino más bajos desde que tenemos registro satelital, quizás solo superado por el retroceso que se registró en el 2012», confiesa a La Voz Edil Sepúlveda, científico de la NASA.

Este año, además, se ha registrado un evento poco habitual: un derretimiento súbito y masivo de hielo, que tuvo lugar entre el 30 de julio y el 3 de agosto. «La pérdida estimada fue de 55 billones de toneladas durante ese intervalo de tiempo, o alrededor de 40 billones de toneladas más que el promedio de 1981 a 2010 para el mismo período», asegura el experto.

La NASA cuenta desde hace un año con un nuevo satélite, el ICESat-2, que usa láseres para medir la altura del hielo desde el espacio. Con este nuevo instrumento, los científicos han descubierto algo nuevo e inquietante. «Puede medir una nueva dimensión de hielo: su altura. Esto nos permite calcular el hielo en todo el tamaño de la cuenca marina del Ártico, algo que nunca antes habíamos podido hacer. Entre los hallazgos que ya ha realizado el satélite resalta el haber determinado que el espesor del hielo marino es ahora aproximadamente la mitad de lo que solía ser en la década de 1980, cuando las medidas eran tomadas por submarinos», señala Sepúlveda.

Lo que pasa en el polo norte afecta a todo el planeta. El hielo del Ártico ejerce de refrigerador debido al albedo. «Si el hielo marino desaparece, expone el agua del océano, la cual tiene un albedo mucho menor que el hielo, lo que significa que esta absorbe mayor energía solar, lo que a su vez calienta aón más el océano. Estos cambios en el Ártico también pueden tener efectos sobre los patrones meteorológicos, particularmente, sobre las latitudes medias del planeta, donde se encuentra Galicia y donde la mayoría de nosotros vivimos, afectando la corriente en chorro o «jet stream», al igual que el vórtice polar», reconoce.

El deshielo ártico también afecta al equilibrio de la corriente del Golfo, un sistema de calefacción natural para Europa. Galicia y Nueva York están casi a la misma latitud pero su clima es muy diferente, en buena medida por la influencia que tiene ese transporte de aguas cálidas. La corriente depende de un delicado equilibrio entre temperaturas y salinidad. El agua dulce del deshielo que sale al océano amenaza la estabilidad de la circulación oceánica. Si colapsa, algo que ya ocurrió en el pasado, Europa lo sufriría.

La inquietante anomalía del Atlántico

XAVIER FONSECA

Mientras la temperatura de la mayor parte de la Tierra asciende, en la región subpolar del océano, baja

Año tras año, los mapas de la temperatura de la Tierra muestran un rojo cada vez más intenso. Ese color indica temperaturas por encima de la media. Sin embargo, hay una zona en el extremo norte del Atlántico que evoluciona justo al contrario. Cada vez está más azul, con valores por debajo de la media. «La mancha azul del mapa que se repite cada año se conoce como Cold Blob y sus porqués y repercusiones ocupan hoy los esfuerzos de muchos oceanógrafos», reconoce Marcos Fontela, investigador del CSIC en el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo.

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