El próximo lustro en la Tierra será más cálido

El clima podría alcanzar en los próximos años el escenario previsto para finales de siglo en el mejor de los casos


Redacción / La Voz

Los seres humanos estamos familiarizados con el tiempo atmosférico y no tanto con el clima. El primero se produce en escalas temporales pequeñas, de días y semanas. La climatología, sin embargo, abarca períodos de al menos treinta años. Entender la diferencia entre estos dos conceptos resulta fundamental para descifrar la amenaza del calentamiento global. Solo así se puede valorar el significado que tiene cada grado que sube la temperatura del planeta.

Las mediciones realizadas por los científicos indican que desde 1880 ha subido ya un grado. Si usted la considera una cifra menor es porque está pensado en tiempo y no en clima. Lo que aumenta como consecuencia de las actividades humanas, que emiten gases de efecto invernadero, es el valor medio. Antes de la Revolución Industrial se mantenía alrededor de 15 grados y hoy ya suma 16. Durante la última glaciación era de 10. No hace falta mucha imaginación para hacerse una idea de cómo sería el planeta con cinco más. Muchas zonas se convertirían en inhóspitas para la vida.

La Organización Meteorológica Mundial acaba de reconocer además que el último lustro ha sido el más cálido desde que hay registros. Una prueba de que el calentamiento progresivo no solo continúa sino que se intensifica. La OMM también advierte de que el próximo será todavía más cálido. Según las estimaciones, el valor medio podría ascender al menos 1,3 grados. Si se cumple este pronóstico pronto se alcanzará la frontera psicológica del grado y medio.

El Acuerdo de París, que fija las políticas medioambientales de la comunidad internacional, tiene como objetivo evitar a toda costa que la temperatura media global ascienda dos grados este siglo y recomienda que no se supere el grado y medio. Pero ese escenario podría estar a la vuelta de la esquina. Muchos expertos lo saben y por ello el discurso en cumbres como la que se celebra hoy en Nueva York reclaman un esfuerzo mayor para descarbonizar la economía mundial lo antes posible.

Hace unos meses un artículo publicado en la revista Nature Communications señalaba en la misma dirección. El modelo estadístico Procast, válido para predecir la evolución de la temperatura apuntaba a que en los próximos cuatro o cinco años podría elevarse 1,5 grados por la propia variabilidad del clima, como por ejemplo al impacto de El Niño, en un contexto de calentamiento.«Desde el año 2000 esta variabilidad contribuyó, con un Pacífico mas frío asociado a una fase conocida como La Niña, a que las temperaturas aumentasen algo más despacio de lo esperado. Se prevé que el desarrollo de una fase de temperaturas positivas en el Pacífico este, provocará una subida de las temperaturas por encima de lo normal y se sumará al cambio climático en desarrollo», reconoce Fidel González Rouco, experto en cambio medioambiental del Instituto de Geociencias del CSIC. Si se cumple ese ascenso, nos esperan más fenómenos meteorológicos extremos y asistiremos a un pequeño adelanto del futuro que quieren evitar los millones de jóvenes que se manifiestan estos días por todo el mundo.

Los expertos urgen a la Xunta a crear un plan de transición ecológica

Xavier Fonseca

Sin una hoja de ruta, la comunidad perderá ayudas vinculadas al cambio climático. Bruselas incluso podría sancionar a la Administración gallega por carecer de una estrategia

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos por Naciones Unidas representan papel mojado sin un plan de ejecución. La Agenda 2030 se ha diseñado precisamente para crear una hoja de ruta que permita al mundo llevar a cabo una transición energética. Y la política debe sentar las bases del cambio de modelo.

Desde Europa se están dando los primeros pasos, a través de los llamados protocolos Nexus. «Hay una serie de objetivos transversales que son lo que llamamos CLEWs, las iniciales en inglés de clima, tierra, energía y agua. Sobre estos cuatro pilares se han creado un conjunto de redes neuronales que ayudan a elaborar mapas de transición sostenible para una determinada región. Por ejemplo, se introduce la información referente a la radiación solar, la población, el viento y otro tipo de variables y se obtiene un modelo que te dirá dónde hay que instalar la energía centralizada o distribuida y cuáles son las mejores zonas para explotar los cultivos, con previsiones a diez años. En definitiva, se trata de un plan para desarrollar políticas concretas», explica Ángeles López, profesora del Máster en Energías Renovables, Cambio Climático y Desarrollo Sostenible de la Universidade de Santiago.

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