El Atlántico, a la espera de los huracanes

La actividad de los ciclones durante los próximos meses dependerá de un fenómeno océanico


La palabra huracán tiene su origen en el lenguaje de los nativos de la zona del Caribe que llamaban de esta forma al dios del viento. Por otra parte el término tifón es una alteración de la expresión china Typhoon que significa viento fuerte. La única diferencia que existe entre ambos fenómenos es geográfica, uno afecta al Atlántico y el otro al Pacífico. En lo demás son absolutamente idénticos.

El próximo 1 de junio arranca oficialmente la temporada de ciclones en el Atlántico. Para que se formen las tormentas tropicales son necesarias unas determinadas condiciones, sobre todo en lo referente a la temperatura del agua, que debe superar los 26 grados.

Las tormentas tropicales que llegan como huracanes al Caribe surgen en las aguas de Cabo Verde. El proceso comienza con una ligera perturbación del aire que sale del continente africano y llega al océano empujada por los vientos alisios, que soplan del este al oeste. En la región tropical del Atlántico, el agua caliente alimenta la perturbación hasta convertirla en una tormenta. En ese primer estado, la criatura atmosférica es muy delicada y cualquier imprevisto puede inhibir su formación.

La NOAA (Organización del Océano y la Atmósfera de Estados Unidos) acaba de publicar la predicción para la temporada de huracanes. Estima que existe una probabilidad del cuarenta por ciento de que la actividad hasta el 30 de noviembre se comporte dentro de unos valores normales. La predicción contempla también un treinta por ciento de probabilidades de que sea superior a la normal y otro treinta de inferior. La NOAA asegura que puedan desarrollarse entre 9 y 15 tormentas tropicales con nombre, de las cuales 4 a 8 podrían convertirse en huracanes y entre 2 a 4 mayores, con una categoría de tres y superior.

La actividad de los próximos meses estará determinada por la presencia de El Niño. Siempre que surge este evento oceánico aumenta la fuerza de la cizalladura, los vientos que soplan en altura. Estos vientos impiden que puedan desarrollarse con tanta facilidad. No se esperan, por tanto, muchos huracanes pero habrá que ver qué intensidad alcanzan los que se formen.

Los huracanes del futuro

El Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR) ha publicado un artículo en el que ofrece un retrato sobre los huracanes del futuro. «Es probable que el calentamiento antropogénico cause que los ciclones tropicales sean más intensos en promedio. Esto implicaría un aumento aún mayor en la capacidad destructiva potencial de una tormenta», explica a La Voz Tom Knutson, meteorólogo de la NOAA. La investigación, que ha analizado 22 tormentas tropicales, concluye que los huracanes serán más fuertes, lentos y con mayor capacidad de generar precipitaciones. «Los modelos proyectan un aumento del orden del 10 y 15 por ciento de lluvia en una área de cien kilómetros alrededor centro de la tormenta», añade Knutson.

Los científicos han realizado una proyección a partir de huracanes que se han formado en los últimos años. Uno de ellos fue el ciclón Ike, que en el 2008 provocó vientos de hasta 280 kilómetros por hora que sembraron el caos en el Caribe y dejaron 180 fallecidos. Ese mismo huracán tendría a finales de siglo vientos un 13 % más intensos, sería un 34 % más húmedo y se desplazaría un 17 % más despacio. La velocidad de un huracán se encuentra entre los factores principales que influyen en su impacto. El año pasado, Harvey se convirtió en el huracán más lluvioso en Estados Unidos tras generar 1.200 litros por metro cuadrado en 48 horas. En parte por su lento movimiento, que le permitió alimentarse constantemente de la humedad que desprende el Caribe.

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