Algo extraordinario ocurre en el Amazonas

Bajo las aguas del río más grande del mundo se ha descubierto un ecosistema increíble que obligará a reescribir las teorías científicas

El Amazonas descarga cerca de 220 mil metros cúbicos por segundo al Atlántico
El Amazonas descarga cerca de 220 mil metros cúbicos por segundo al Atlántico

Además del océano y la Antártida existe un lugar en la Tierra que todavía sigue representando un verdadero desafío para la exploración científica: el Amazonas, la masa forestal más grande del planeta. Si se pudiera llenar a Estados Unidos de árboles, el resultado sería la selva amazónica. Sobre este impresionante lugar, donde la vida se abre paso en cada rincón, hay más preguntas que respuestas. El río, con sus 6.900 kilómetros de extensión, lidera la lista de los más largos del mundo. Tiene alrededor de mil afluentes y descarga cerca de 220 mil metros cúbicos por segundo al Atlántico. En la desembocadura, el río y el océano están juntos pero no revueltos debido a las diferencias de temperatura y salinidad. El agua dulce y turbia abarca un área de un millón de kilómetros cuadrados mar adentro. Donde el Atlántico y el Amazonas se dan de la mano, la ciencia ha descubierto algo completamente inesperado. A unos cincuenta metros de profundidad se encuentra un arrecife de coral y esponjas que abarca unos 9.000 kilómetros cuadrados.

La serie documental Grandes Ríos, producida por la BBC Earth y que en España se puede ver en Movistar +, muestra este impresionante ecosistema que se alimenta de los nutrientes del Amazonas y donde residen otras muchas especies, como el pez león. Hasta ahora se pensaba que los arrecifes no podían existir en agua dulce por la escasa acidez. Además, las aguas fangosas que salen al océano bloquean prácticamente toda la radiación solar. La comunidad científica cree que los seres vivos sobreviven gracias a la existencia de unos microbios que producen energía a partir de minerales y que crean la biomasa, el alimento que nutre a los corales. Esto permite la formación de los arrecifes. 

Delfin rosado

En el río más caudaloso del planeta, que cruza tres países, vive además un animal que está considerado como un ser mitológico en muchos de los pueblos que bañan el Amazonas y sobre el que se han escrito todo tipo de historias, el delfín rosado. «Hay muchas leyendas sobre este mamífero de río, como por ejemplo que por la noches se convierte en hombre y sale del río», reconoce Bruno Díaz, director del Instituto para el Estudio de los Delfínes Mulares, con sede en O Grove. Debido a las aguas tan oscuras, esta especie con pigmentación colorada tiene practicamente anulado el sentido de la vista y se vale, al igual que el resto de delfínes, de la ecocalización para cazar. «Es un sistema realmente complejo. Funciona como un sonar natural. Emiten vibraciones de alta frecuencia que cuando se encuentran con un objeto rebotan y vuelven a la mandíbula del delfín. Así es como encuentran a sus presas», comenta Díaz.

Pero hoy, estas criaturas tan inteligentes y bellas están sufriendo con más intensidad que sus hermanos del océano el impacto del ser humano. «La contaminación o la actividad de la empresas hidroeléctricas les está afectando demasiado. De hecho esta especie de río se encuentra actualmente en riesgo de extinción», lamenta el científico gallego. 

Hace dos años la BBC presentó al mundo su obra maestra sobre los océanos, Blue Planet 2, ahora acaba de hacerlo con los grandes ríos del mundo. No se la pierdan. 

La verdadera razón del colapso maya

XAVIER FONSECA

La dispersión de su población coincidió con un notable cambio climático

La razón que llevó a la civilización maya al colapso sigue generando debate entre la comunidad científica. Muchas tesis culpan a una intensa sequía o una sucesión de conflictos bélicos. En realidad, esos fueron distintos efectos de una misma causa. El declive del pueblo maya responde a un proceso que tardó siglos en completarse pero que empezó muy pronto, solo unos años después de decidir asentarse en las selvas tropicales. «Si dejas una comunidad de quinientos mayas en la selva y vuelves cien años después, comprobarás que se han desperdigado por completo», explica Félix Jiménez, secretario de la Sociedad Española de Estudios Mayas. Esa dispersión de la población ocurrió de forma natural y como consecuencia de su relación con el entorno. «El sistema de cultivos en tierras bajas tropicales se basaba en talar y quemar. De esta forma, al cabo de un par de años la tierra dejaba de ser productiva y tenían que buscar otras nuevas», añade Jiménez, exdirector del Museo de América.

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