El país que hace «copias de seguridad» de su biodiversidad

Científicos mexicanos preservan el germoplasma de miles de especies para hacer frente a las posibles catástrofes

Efe

 En el Centro Nacional de Recursos Genéticos (CNRG), en el estado mexicano de Jalisco, científicos preservan germoplasma de miles de especies ante posibles catástrofes naturales o cambios climáticos para proteger así la diversidad biológica del país.

Esta institución busca blindar la existencia de las especies ante la celeridad con la que el hombre las extingue y agota los recursos naturales y mediante distintas técnicas preserva su estructura genética hasta que se requiera hacer uso de ella.

Durante una visita de Efe, la investigadora Esmeralda Cruz señala que este centro, uno de los nueve más importantes del mundo, es el único en Latinoamérica que tiene muestras de los cinco principales subsistemas: agrícola, forestal, acuático, pecuario y microbiano.

«Conservamos material de todos esos subsistemas que tienen importancia para el ser humano, ya que nuestro objetivo es que en un futuro este material se pueda usar tanto para estudios de mejoramiento o porque estas especies se encuentran en peligro de extinción», explica la ingeniera agrónoma.

El centro recibe constantemente muestras de todos los estados del país, las cuales son clasificadas y, dependiendo de sus necesidades, conservadas de una forma u otra.

Cuando una muestra llega al centro, el primer paso siempre es el mismo, llevarla al Laboratorio de ADN y Genómicas para que se le haga el análisis de diversidad y se tengan todas sus características.

El director del CNRG, Ramón Arteaga, cuenta a Efe que se busca proteger las muestras «mediante métodos que permitan resguardarlas sin modificaciones o cambios en su estructura genética». La conservación de los recursos es a largo plazo, es decir, superior a los 10 años, agrega.

No obstante, sostiene que más allá del resguardo del material, hay algo más importante que es el estudio y conocimiento del mismo, el cual se realiza en el propio centro.

«Entre mejor conocimiento tengamos del material resguardado, más útil podrá ser este como copia de seguridad en caso de desastre, pues permitirá una mejor adaptación del recurso a las distintas condiciones, sobre todo asociadas a la parte del cambio climático», detalla el doctor en microbiología.

Añade que «hay muchos recursos naturales que sabemos que existen que tienen ciertas características que pueden ser útiles para la adaptación a estos cambios climáticos».

Con respecto a esto, la doctora Cruz apunta que «debemos de tener estos centros y estos equipos para la conservación porque no sabemos en un futuro qué pase con el cambio climático».

«Esto es para nuestras generaciones futuras, para que sigan teniendo esta riqueza y biodiversidad», asegura, sabiendo que la amenaza de extinción es algo que ya no se puede pasar por alto y que la intervención de la ciencia se requiere más que nunca.

La especialista ejemplifica que, en caso de un incendio, un huracán o algo que haga que las especies desaparezcan, la Comisión Nacional Forestal (Conafor) es la encargada de decir si determinada especie «se extinguió del ecosistema o se desplazó».

El centro tiene la obligación de darle la planta y, a partir de ahí, Conafor procederá con los esfuerzos necesarios para la reforestación o recuperación del área, algo que no siempre es tarea fácil.

Muchas de las muestras, como por ejemplo las semillas ortodoxas (aquellas que sobreviven en condiciones de sequedad y frío), se conservan in vitro, sometidas a gélidas temperaturas dentro de cámaras frigoríficas.

En el caso de las semillas recalcitrantes, su planta es cultivada en tubos de ensayo en condiciones idóneas ya que no pueden soportar bajas temperaturas y su transición al entorno natural -donde gozan de todos los nutrientes- debe ser cuidadosa y gradual.

Primero se pasa del laboratorio al sustrato y después al exterior, para que vaya soportando los cambios de temperatura y pueda hacer la fotosíntesis que le permita obtener los nutrientes por sí mismas, no mediante el tubo de ensayo, precisa Cruz.

Otras muestras relacionadas con la parte pecuaria, la parte acuática o la parte de microorganismos son resguardadas en tanques de nitrógeno con capacidad para 600.000 tubos de ensayo.

Arteaga indica que la entrega del material genético a una entidad que quiera realizar acciones de recuperación de una especie no es sencilla.

«Este material no lo puede obtener cualquiera. Estamos hablando de materiales que son parte de la soberanía de este país. Es una de las garantías que tenemos para garantizar la supervivencia de algunos ecosistemas», concluye.

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