El lado más oscuro del aguacate

Es muy apreciado por sus propiedades nutritivas, pero los biólogos denuncian que la producción de este fruto se ha convertido en una amenaza para los bosques


Dpa

En Nueva York hay una «avocadería» que ofrece desde guacamole a smoothies y cheesecake con aguacate. En Nueva Zelanda hubo robos de aguacates en zonas de cultivo. Y los Países Bajos compran en Perú para revender en Suecia. El mundo parece estar loco por este fruto.

El aguacate, llamado palta en algunos países sudamericanos, es buscado por sus nutrientes y su sabor, pero al mismo tiempo la gran demanda amenaza bosques y acuíferos.

El número de hectáreas cosechadas en el mundo pasó de 381.000 a 564.000 entre 2006 y 2016, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Eso equivale a una superficie de casi cuatro veces la ciudad de México.

México, precisamente, es el productor más importante. Hileras interminables de árboles de aguacate, que semejan un ejército uniforme e impecable, se divisan a lo lejos en los alrededores de la ciudad de Uruapan, en el oeste del país.

El huerto aguacatero El Papayo, de 45 hectáreas y 6.000 árboles, se encuentra en Ziracuaretiro, a 20 kilómetros de Uruapan, en el estado de Michoacán. Es una de las plantaciones certificadas para exportar a Estados Unidos, el mayor comprador del mundo.

El aroma a tierra húmeda y a resina de pinos y encinos impregna el aire en esta región de México, considerada la «capital mundial del aguacate». «Producimos las especies Hass y Méndez», explica a Dpa el encargado, Ricardo Figueroa Barajas, mientras recorre el sitio.

Ataviados con equipo especial, incluidos máscara y guantes, trabajadores de blanco avanzan entre lo aguacatales con la estridencia de podadoras y fumigadoras para asegurar el crecimiento sano de las plantas.

En la misma región hay muchísimos huertos más, la mayoría de extensión pequeña. Algunos son ilegales. Las autoridades clausuraron este año decenas de hectáreas: se habían talado árboles de pino y encino para cambiar el uso de suelo y sembrar aguacate.

Todos codician el «oro verde», incluso los grupos del crimen organizado, que causaron terror hace unos años a los productores con extorsiones y secuestros. Luego surgieron grupos de autodefensa y las autoridades federales intervinieron. El problema se redujo, pero no termina de irse.

Una amenaza para los bosques

El boscoso y verde estado de Michoacán, al que llegan las famosas mariposas monarca a pasar el invierno, es la principal zona productora de México. Con unas 200.000 hectáreas cosechadas, el país generó casi dos millones de toneladas de aguacate el año pasado, seguido, de lejos, por República Dominicana, Perú y Colombia.

Pero el éxito comercial del aguacate tiene también un lado oscuro. El biólogo mexicano Arturo Chacón Torres, director fundador de la asociación civil Academia Mexicana de Impacto Ambiental, explicó a Dpa que uno de los problemas es que el crecimiento de las áreas sembradas se extendió hacia zonas boscosas y montañas que son sitios de recarga de agua.

Se estima que se talan en la región entre 600 y 1.000 hectáreas anuales de bosques para cambiar el uso del suelo. Miles de troncos cortados a ras de suelo quedan como huella de la deforestación.

«Ya invadieron la cuenca del lago de Zirahuen y del lago de Pátzcuaro», critica Chacón, para quien se requiere un ordenamiento ecológico y territorial y destinar zonas para recarga de agua para compaginar la producción con la sustentabilidad. «El aguacate consume cinco veces más agua que un pino», afirma.

El incremento de la producción ha llevado a la pérdida de biodiversidad, contaminación y erosión del suelo y ha dañado el ciclo natural del agua, una amenaza para bosques y especies endémicas, según un estudio publicado en México en 2012.

También la Academia de Ciencias de la República Dominicana alertó sobre este problema y pidió en agosto «detener definitivamente la siembra de aguacate y hortalizas en el bosque nublado del Parque Nacional Sierra de Bahoruco», en el suroeste del país, para proteger la devastada cuenca del río Mulito.

«Nos preocupa encontrar equilibrios que nos permitan mantener los beneficios y fuentes de generación de riqueza y transitar hacia formas más sustentables de producción. Estamos trabajando en eso», dijo a dpa Ramón Paz Vega, portavoz de la Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (Apeam), que tiene un programa de reforestación.

Una de las presentaciones estrella del aguacate es el guacamole, que en Estados Unidos se consume con frecuencia como snack o para acompañar carnes.

Y el apetito seguirá creciendo: según las proyecciones del Ministerio mexicano de Agricultura, de 2017 a 2030 la demanda global crecerá un 48,98 % y el consumo pasará de 2,84 a 4,24 millones de toneladas anuales. Un aumento que va unido al reto de evitar que esta locura por el aguacate siga llevándose por delante bosques y acuíferos.

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