El orballo, en peligro de extinción

La lluvia del futuro en Galicia, según los modelos científicos, caerá con menos frecuencia pero más intensidad


redacción / la voz

La lluvia representa para los gallegos lo mismo que la nieve para los esquimales. Al igual que un poblador del Ártico puede captar una amplia gama de blancos, un gallego percibe los diferentes matices en un día de precipitaciones. Un don que han adquirido con la experiencia. Esa capacidad se refleja en el idioma de la comunidad, que contiene más de cien términos para referirse al hidrometeoro.

Pero la lluvia, como el resto de fenómenos atmosféricos, está modificando su patrón comportamiento debido al aumento de la temperatura media global. La emisión de gases de efecto invernadero calienta la superficie, el océano y la atmósfera. «La ecuación de Clausius Clapeyron, muy famosa en Física, señala que la atmósfera podrá contener de media un siete por ciento más de humedad por cada grado centígrado que aumente su temperatura media. Parece claro que la atmósfera del futuro será más húmeda que la actual», asegura Jorge Eiras, investigador posdoctoral del grupo EPhysLab de la Universidade de Vigo.

La evolución de la precipitación en Galicia dependerá directamente de si la civilización lleva a cabo o no una transición energética. Las proyecciones científicas trabajan ahora mismo con dos escenarios. «El primero se conoce como business as usual, el más pesimista, en el que básicamente no cambia nada. El segundo sería un escenario intermedio, con un contexto socioeconómico más sostenible», explica José Manuel Gutiérrez, profesor de investigación del CSIC. Gutiérrez es uno de los impulsores del proyecto AdapteCCa.es, que permite conocer el progreso de diferentes variables a lo largo del siglo en base a estos dos escenarios. «Se trata de la gran iniciativa regional sobre cambio climático. Estas proyecciones incluso permiten analizar resultados por provincias», apunta.

Los modelos no aprecian un cambio significativo en la cantidad de lluvia que ya cae anualmente en la comunidad gallega. Ni siquiera en el peor de los escenarios aumentaría demasiado. Si no se realizan avances en materia de mitigación, a finales de siglo solo llovería algo más de 200 litros más por metro cuadrado al año. Una cifra discreta para un clima tan húmedo. En el escenario más sostenible la media anual se reduciría un poco porque entrarían en juego otros factores como la variabilidad natural.

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100 formas para llamar a la lluvia Los gallegos son capaces de apreciar los diferentes matices que presenta un día de lluvia.

Donde se observa una variación mucho más notable es en el número de días de lluvia, que se reducirían más de veinte en el peor de los casos. Por tanto, si la cantidad de precipitación no cambia demasiado pero sí la distribución, está en juego el tipo de lluvia. «Los modelos prevén que las precipitaciones estarán más concentradas en una cantidad de días inferior a la actual, acentuando las sequías en los meses secos y las lluvias torrenciales en los meses húmedos», reconoce Eiras.

El cambio climático no solo provoca la desaparición de especies animales y vegetales. También puede generar la extinción de palabras que trascienden el ámbito de lo meteorológico, como es el caso de orballo o poalla. Esta lluvia tan característica, de tipo débil y persistente, será sustituida en el futuro por una precipitación mucho más intensa.

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