«Sé suficientes cosas para ser sensata y no comer pescado»

«Vivir bajo el agua es una experiencia asombrosa», afirma Sylvia Earle, Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2018

Sylvia Earle, Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2018
Sylvia Earle, Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2018

La llaman la dama de las profundidades. Hay razones para ello. En cierta ocasión, Sylvia Earle formó parte de un equipo de científicas que vivió dos semanas bajo el agua en unas instalaciones montadas en las Islas Vírgenes y también fue la primera mujer en sumergirse a 1.000 metros para estudiar los océanos. Su vida está llena de hazañas y proezas físicas que no desmerecerían en la biografía de uno de los grandes exploradores geográficos del siglo XIX, de todos los conocimientos científicos sobre la biología marina acumulados durante el siglo XX (una parte crucial de ellos procede de sus propios trabajos) y de una sensibilidad conservacionista adecuada a los desafíos del siglo XXI. Ha sido investigadora, profesora universitaria y gestora política y, a pesar de lo que ha visto, aún es optimista sobre la capacidad de los seres humanos para no arruinar del todo el planeta.

-Tiene un currículum asombroso y difícil de resumir. Ha sido científica, profesora universitaria, exploradora, casi aventurera y ha ocupado cargos políticos relacionados con la conservación del medio ambiente. ¿Cómo ha tomado las decisiones sobre su carrera, cómo se definiría usted?

-Lo que más ha impulsado las elecciones que he hecho en mi carrera es el sentido del deber y la necesidad de administrar los sistemas naturales que nos sustentan a todos. Disponer de un medio ambiente sano es crucial para la salud humana y para que todos sobrellevemos el futuro en este planeta. Desde que era una niña, el mundo de los seres vivos siempre me ha producido fascinación y curiosidad. A lo largo de mi vida, he visto cómo sufría una destrucción grandísima y eso me ha empujado a hacer todo lo que pueda para recuperar y proteger esos sistemas.

-También ha sido una precursora de las mujeres fuertes y seguras de sí mismas de este época del MeToo. ¿Fue muy duro ser la primera mujer en tantos sitios? ¿Se daba cuenta de ello en aquellos momentos?

-Desde luego que me daba cuenta de ser la única mujer en un aula o en una conferencia. Me parecía necesario decir lo que pensaba y expresarlo convincentemente. Aún me lo parece. En una ocasión, en una reunión sobre política pesquera en Washington, di mi opinión y cuestioné la falta de elementos científicos en las decisiones sobre las cuotas de pesca. Nunca volvieron a invitarme pero me gané el apodo de ministra del esturión [un juego de palabras en inglés: a Earle la llamaron «sturgeon general», una expresión similar a «Surgeon General», el cargo equivalente a directora general de Salud Pública en España].

-Es fascinante su experiencia de haber vivido durante semanas en instalaciones submarinas. ¿Cómo es? ¿Puede compararse con la de los astronautas de la Estación Espacial Internacional o es diferente? Debió de ser una fiesta para una científica.

-Vivir bajo el agua es una experiencia asombrosa. Aunque los astronautas de la Estación Espacial pueden volver la vista hacia nuestro maravilloso planeta azul, también tienen a sus compañeros alrededor. Al vivir dentro del océano, lo que tienes a tu alrededor es la vida. Cada inmersión te aporta experiencias nuevas y, cuando ha pasado un tiempo, incluso resulta posible reconocer a peces concretos. Hoy solo nos queda un hábitat submarino en el mundo, pero antes teníamos más.

-Cuando era pequeña, ¿qué la la llevó hacia la ciencia? ¿Cómo puede conseguirse la atención de los jóvenes actuales?

-La fuerza impulsora que me guió hacia la ciencia fue la curiosidad. Los científicos son personas que nunca han perdido esa curiosidad. Es importante permitir a los jóvenes que salgan al exterior a explorar, a mojarse, a mancharse de barro y a investigar su mundo. Llevar registros de todas las especies que avistan, aficionarse a la fotografía, dedicarse a proyectos populares de ciencia, la jardinería, el senderismo y otras actividades al aire libre pueden ayudarles a prender y mantener esa curiosidad.

-¿Por qué es importante mantener los océanos limpios y a salvo?

-Los océanos son nuestro sistema de soporte vital. Se encargan de mantener un clima agradable e impulsan los grandes sistemas del tiempo. Generan la mayor parte del oxígeno que respiramos. A lo largo de las costas y los arrecifes, en los lechos de moluscos y en los manglares nos proporcionan barreras naturales contra los temporales, lo que reduce los daños a las ciudades y las pérdidas de vidas.

-¿Han sido muy grandes los daños a la integridad del mar que han sucedido durante su vida?

-Ha sido desgarrador contemplar cómo tantos de esos sistemas resultaban dañados por la contaminación, los plásticos o la pura y simple eliminación. Han sido decisiones con poca visión de futuro. Vamos a gastarnos dinero en intentar construir cosas como las barreras marinas cuando la naturaleza ya nos las proporcionaba gratis. Ahora que ya sabemos lo valiosísimos que son los sistemas naturales, podemos actuar para conservar lo que queda mientras recuperamos lo que ha sufrido daños. Falta mucho por hacer. Principalmente en los últimos cincuenta años, hemos perdido más del 50% de la biodiversidad del mundo. Es estremecedor.

-España es uno de los grandes países pesqueros del mundo y un lugar donde se consume pescado con avidez. ¿Tendremos que pensar en cambiar de costumbres?

-Cuando había muchas personas menos, podíamos permitirnos coger peces a lo largo de un litoral en cantidades que les permitieran reproducirse de una manera razonable. Era un sistema que funcionaba tanto para el pescado como para los pescadores. Pero hoy esos sistemas se han averiado. Hemos cogido demasiados peces en muy poco tiempo. No son lo mismo unos animales a los que le lleva décadas alcanzar su edad reproductiva que los pollos o las vacas que consumimos como comida. Al mismo tiempo, hay que pensar en lo que hemos metido en los océanos durante los últimos cien años. Plásticos, compuestos químicos, medicamentos que hemos tirado, excrementos humanos. Los peces consumen esos materiales, los mariscos los filtran y al final regresan a nosotros. Si queremos comer pescado, antes tenemos que tener cuidado con el entorno en el que vive y asegurarnos de que usamos bien la ciencia para tomar decisiones sobre lo que es sostenible y lo que no.

-¿Come pescado?

-Antes comía pescado y marisco, pero ya no lo hago. Sé suficientes cosas para ser más sensata.

-¿Cómo podemos hacer frente al problema del plástico y a esas montañas de basura que a veces vemos en las noticias? ¿Es demasiado tarde?

-No es demasiado tarde para combatir el problema del plástico en los océanos. La lucha empieza con todas y cada una de nuestras decisiones a la hora de hacer compras. Podemos elegir bebidas embotelladas en cristal o llevar nuestros propios recipientes. Podemos elegir productos que lleven un envoltorio mínimo o hecho de materiales reciclados. Podemos presionar a los gobiernos para que limiten las importaciones de mercancías envueltas en plástico, especialmente las que llegan a lugares que no tienen infraestructuras para gestionar esos residuos plásticos. Podemos recordar que la mayor parte de los plásticos se fabrican a partir del petróleo. Lo que estamos presenciando es un gigantesco escape de petróleo a cámara lenta. Pues de la misma manera que limpiamos una fuga de petróleo, tenemos que limpiar los plásticos.

-Hay más problemas: el cambio climático, el calentamiento de los mares y la subida del nivel de las aguas. ¿Aún podemos evitar esas cosas? ¿Cómo?

-Ya estamos viendo y vamos a seguir sintiendo los impactos del cambio climático y la subida del nivel de las aguas. Es crucial que volquemos nuestros esfuerzos en las energías renovables y eliminemos el carbón como fuente de energía. Por supuesto, también hay cosas cotidianas que sirven de ayuda. Conducir menos y comprar productos locales de temporada son gestos útiles. No podemos evitar todos los impactos pero podemos ayudar a hacer que sea más fácil sobrevivir en esta situación.

-Si todos esos retos alteran el estado de los océanos, ¿cómo cambiará el mundo? ¿Qué podremos salvar?

-Las temperaturas están subiendo y los temporales son mayores, más fuertes y más dañinos. Podemos ayudar a minimizar esos daños si nos esforzamos por restaurar y proteger los sistemas naturales que nos protegen a nosotros. Los Hope Spots [lugares de esperanza, las reservas marinas designadas en hábitats de alto valor biológico por su fundación, Mission Blue, en colaboración con varios gobiernos] que se han fundado por todo el mundo son ejemplos de los sitios que se pueden salvar y de personas comprometidas con una manera diferente de hacer las cosas.

-¿Es optimista sobre el resultado de todos esos desafíos? ¿Aprenderá la humanidad de sus errores del pasado?

-Sí, sigo siendo optimista cuando se trata de esos desafíos. Ahora que ya sabemos que lo son, podemos hacer algo de una manera rápida y que merezca la pena. No hacer nada equivaldría a admitir que, después de todo, no somos tan inteligentes.

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