El Coliseum fue el mejor sexto hombre del Leyma ante el Estudiantes
BÁSQUET CORUÑA
El recinto coruñés llevó en volandas a un equipo que estuvo contra las cuerdas, pero que encontró las fuerzas para remontar en el aliento de una afición que nunca perdió la fe
07 jun 2026 . Actualizado a las 23:25 h.No es tan sencillo definir lo que se vivió este domingo en el Coliseum. Sin duda, todos los adjetivos que engloban la lista de posibilidades son positivos. Increíble, heroico, memorable e inolvidable podrían ser algunos. Ni el más perverso de los guionistas de los thrillers de tensión americanos hubiera imaginado el camino del Leyma Coruña hasta llegar al ascenso.
Un trayecto en el que siempre ha estado acompañado. Su afición no falló en todo el curso, y en la final a cuatro no iba a ser diferente. Llevó en volandas a un plantel que tuvo que recomponerse a golpes muy duros. No subió directo, pese a solo ser derrotado en cuatro ocasiones en la liga regular, y ante el Estudiantes, por momentos, pareció que el objetivo se le volvía a escapar. Pero creyeron los jugadores, arropados por una hinchada que nunca perdió la fe.
Desde la previa, en la puerta 14 del recinto herculino, los seguidores naranjas dejaron claro cuál era su ilusión: la Liga Endesa. Alentaron a los suyos en la llegada del autobús y cantaron todavía más después de que toda la plantilla entrase al Coliseum. Hasta fue ovacionado el conductor del vehículo, ya vacío.
Con el paso de los minutos, las gradas cogieron color y el feudo presentó una gran entrada. No se llenó, pero estuvo cerca. Cabe destacar el espectacular tifo que los madrileños desplegaron a segundos de que el árbitro lanzara el balón al aire.
Euforia colectiva
Fue en el tramo final cuando el público coruñés se hizo notar. La locura se apoderó del graderío con los triples de Paul Jorgensen. A partir de entonces, los locales jugaron siempre con uno más. El resto ya es historia. El Leyma recuperó la confianza y avanzó directo hacia la Liga Endesa. Resistió y acabó celebrando el ansiado regreso.
Dídac Cuevas y Pacheco fueron dos de los más aclamados por el público más joven. El primero no daba abasto ante tanta súplica para que regalara todas las prendas que vestía. Varios fueron los afortunados que consiguieron las zapatillas del catalán, de Jorgensen y de otros componentes del equipo.
Todo transcurrió en orden, salvo las dos grandes pitadas que recibieron los colegiados. La grada del Coliseum consideró erróneas varias decisiones que tomaron, sobre todo en el segundo y el tercer período, y mostró su descontento en varios momentos. El primero fue en el descanso. Cuando las palmas para los grandes protagonistas tornaron en silbidos. La segunda, con el partido ya finalizado, cuando recibieron sus respectivas condecoraciones por parte de la Federación Española de Baloncesto.
Muestra de la gran deportividad que reinó en el evento, no solo ayer, sino durante todo el fin de semana, fue lo sucedido dos minutos antes del inicio del choque. La mascota del Leyma acudió hacia la esquina donde se encontraban los seguidores azules para aplaudirles.
Transcurrida toda la contienda, los jugadores del Estudiantes se retiraron a los vestuarios, después de ovacionar a los naranjas. Cuando ya enfilaban el túnel, los seguidores coruñeses que más cerca estaban situados les felicitaron, reconociendo el buen hacer del conjunto madrileño.
A Coruña cerró así un fin de semana en el que fue el escenario de una gran fiesta de baloncesto. Quedó claro que el deporte y las emociones —casi— siempre son buenos compañeros de viaje.